Las mujeres, un cambio generacional

Anunciaba D. Fernando Velasco en sus clases de Historia del Pensamiento Político y Social, y de Ética, a comienzos de los años 90 del pasado siglo, que el siglo XXI sería la centuria de las mujeres. Su sensible y formada visión le permitía apreciar los cambios que en España y en el mundo se estaban empezando a producir. Esas mujeres que han pasado por libre decisión propia por la universidad, y que posteriormente se han incorporado a la vida profesional, han entrado en una nueva fase: compaginar esa trayectoria laboral, intelectual con la vida personal. Es la generación de mujeres del año 1974, una generación bisagra, que si atendemos a las coordenadas que Ortega y Julián Marías establecieron, van desde aproximadamente el año 1967 hasta 1981. Un matiz podemos hacerles, aunque habrá que observarlo y analizarlo detenidamente en los próximos años, tal vez el arco generacional a partir de ahora en lugar de ir por etapas de 15 años consecutivos, vayan por periodos de 20 años continuados. ¿A qué se puede deber esa suma de cinco años más? Sencillamente a la ampliación de las expectativas de vida, de la edad media vital que se está produciendo en buena parte del mundo en las últimas décadas. Sin embargo, es un dato que hemos de mantener en cuarentena.

Dentro de esa generación, que ahora poco a poco está tomando el protagonismo social, encontramos como en toda una variedad de proyectos vitales, personas, personalidades y ritmos. Como le escuché decir a una curtida trabajadora social, política municipal y madre, a esta nueva generación se les pide que sean las “super woman”. Y su inteligente apreciación tenía respuesta tras haberla vivido y analizado: eso no tiene sentido porque no se puede ser diez en todo. Hay que buscar un equilibrio, una paz interior, un timón que con tacto y paciencia sepa modelar el conjunto de las circunstancias. Cabe la posibilidad de que ellas y nosotros, los hombres, acabemos encontrando el camino del entendimiento, del debate sosegado y el intercambio de experiencias y proyectos en los diferentes escenarios que la vida nos presenta a diario. Para eso ya se han dado pasos valiosos en las últimas décadas en parte del mundo. Los niños y las niñas conviven en las guarderías, su adolescencia es compartida en las aulas y en los barrios. Además, como consecuencia de los procesos migratorios se está produciendo una mezcolanza de formas de vida a las que hemos de estar atentos. En el terreno profesional, varones y féminas comparten tareas y responsabilidades cada mañana. Los abuelos y las abuelas, que han estado separados durante muchas horas debido a que trabajan fuera del hogar los dos o uno de ellos, se empiezan a reencontrar en la calidez que les proporcionan l@s niet@s.

Y, sin embargo, también tenemos que contar con un 60% de población mundial adulta, que como anunciaba D. Manuel Castells, vive sin pareja. ¿Será posible que una mujer vocacionalmente periodista e investigadora social del baloncesto pueda volver a disfrutar de su profesión y compaginarla con el resto de vocaciones personales? ¿Retomará un magnífico escritor su trayectoria literaria y podrá equilibrarla con sus demás circunstancias, con sus otros sueños y emociones?

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