Barrios de inmigrantes, ciudades de tod@s

Camina por esas calles y se cruza ante sí a numerosas personas con otro color de piel. En apenas más de una década, unos quince años, ese inmenso espacio de la ciudad ha visto variar a buena parte de su población vecina. Hombres y mujeres, adolescentes, niñ@s, de otras nacionalidades hacen ahí o desde ese lugar su vida cotidiana.
Entra en una carnicería cuyo rotulo de cabecera está en árabe. Se acerca hasta una frutería cuyas propietarias son hispanas de América. El bazar lo atiende una familia turca. Los bares y las cafeterías tienen, además de raíces españolas, nombres propios de otros lares. Los locutorios se han convertido en puntos de comunicación y de reunión colectivos para gente del este de Europa, de cualquier parte de América, de Asia o África.

Cada persona, cada grupo, ofrece sus rasgos peculiares de trato y de vida en función de sus circunstancias. La mayoría de esas miles de personas han venido para vivir en paz y dignamente.
Cuando se cruza con alguien español nacido en la ciudad es casi un acontecimiento en ese barrio. Hasta ahora la integración, la convivencia y la coexistencia, salvo en casos contados, ha sido tranquila. Ahora bien toca seguir caminando. Las próximas décadas ahondarán esa realidad que es esta nueva sociedad, este nuevo mundo, mestizos. Los jóvenes, las nuevas generaciones, con el discurrir de la vida, fomentarán esos lazos de unión diferentes y novedosos. Lo harán a través de instituciones de toda la vida: la amistad, el ser simples conocidos, las relaciones de pareja, los vínculos profesionales, los puntos de juego y de estudio, … Ese es el futuro por escribir.

Sin embargo, hay que estar atentos. Hay que evitar errores del pasado u otros que se están produciendo en otras latitudes del planeta. Hay que vencer los prejuicios; las decisiones tomadas por desconocimiento del otr@. Hay que derrotar las barreras que son las creencias sociales, familiares, personales o religiosas, que se han ido estableciendo décadas atrás y que nos enfrentan. El proceso no será sencillo, pero merece la pena intentarlo. Habrá problemas, se darán casos extremos aislados. Pero tomando decisiones, con voluntad, paciencia, generosidad y programas de integración que hagan converger lo que nos une, y limen lo que nos separa, será posible. Es un reto de cada persona, es el camino de varias generaciones, tiene que ser la meta de la mayoría.

Comentarios

Entradas populares