Pinceladas eróticas I

Abrió el chat esperando noticias de ella, que le había pedido su correo electrónico unas horas antes mientras tapeaban. Aquel indicio le abría la oportunidad de mantener una aventura sexual con aquella mujer deseada por muchos. Ahí estaba ella, la saludó con la cortesía de quien sabía que estaba empezando a jugar los últimos movimientos de la partida que habría de conducirlo hasta la cama de la dama. Y optó por la opción filosófica, quería ver el intercambio intelectual entre ellos sin presencia de terceros. Para seducirle a él era necesario atraerle en la conversación, tenerle despierto el sentido de la curiosidad. Por muy bella que fuera o buena que estuviera una mujer, si aquella no era capaz de llamarle la atención por su conversación, por su estilo de vida, el polvo posterior no cobraba atracción en su mente. Una fémina con capacidad de diálogo sugerente, profundo, era sinónimo de imaginación en el acto sexual. Si además acompañaba su oratoria con elegancia en sus movimientos corporales y picardía en el baile, entonces la fiesta carnal era extraordinaria.

Cuando llevaban un rato hablando, ella le comentó que aquella noche "él estaba trascendental".

- Lo soy -le replicó él; por cierto, podríamos continuar esta conversación acompañándola de una copa.

- Vente a mi casa, pero dame diez minutos, llegué ayer de viaje y aún tengo cosas por recoger -le apuntó ella.

Como felina experta en la cultura de la coquetería, necesitaba realmente ese tiempo para darse unos toques que dislocaran un poco más el deseo que estaba naciendo...

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