Sin ti soy, contigo soy mejor

Anda parte del mundo buscándose. La mujer dice conocerse, tener claro el proyecto de vida que quiere vivir. El hombre busca entender las nuevas circunstancias. Aunque también hay hombres y mujeres -minorías que quieren seguir llevando la vida de las generaciones que les preceden e indecisos que no saben qué rumbo tomar-. Y esa mezcolanza de circunstancias y de opciones de vida están provocando que haya ritmos vitales diferentes, proyectos muy divergentes, y tantos discursos heterogéneos en la opinión pública.

Anunciaba el sociólogo Castells que en el mundo actual solamente un 17% de la población mundial adulta vive con su pareja de toda la vida. Un 23% lo hace con una segunda pareja -ambos o uno de ell@s aporta sus hij@s de sus anteriores relaciones-. Y un 60% de la ciudadanía mayor de edad vive sin pareja. Vista esa realidad social, personal, interpersonal, a tod@s ell@s habría que preguntarles. A un@s, ¿eres feliz en pareja? A otr@s, ¿por qué has elegido vivir ahora sin pareja?

Si a ambas preguntas y a otras que pueden surgir a raíz de las mismas, nos contestasen con sinceridad, y haciendo un auténtico ejercicio de interiorización del modelo de vida personal o interpersonal que esas personas quieren para sus vidas, empezaríamos a arrojar luz a la importancia de la vida sentimental hoy. Es curioso, pero los afectos son claves en la vida de cualquier persona. Y, sin embargo, no se imparte una materia en las escuelas, en los institutos, en las universidades, que nos ayudara a conocer su valor y cómo ir asimilando las emociones y los afectos en la vida diaria. Y nos estamos refiriendo ahora también a los otros amores vitales: las relaciones paterno filiares, las amistades, la vocación, la relación maestr@-discípul@, ...

En todas ellas, los sentimientos, los afectos, entran en juego. Y, sin embargo, llevamos décadas, siglos, discutiendo cuáles son las disciplinas a impartir en las aulas desde la etapa infantil a la universitaria, y esa circunstancia y realidad tan decisiva en la vida personal siempre es marginada, dejada en un lugar muy secundario. ¿Cuáles son las consecuencias de esa laguna evidente? Noviazgos rotos, matrimonios acabados en divorcios y separaciones duras, malas relaciones sentimentales, amistades peligrosas y erróneas, vínculos familiares viciados, vocaciones interrumpidas, ...

Evidentemente, no siempre ese escenario dantesco es la única realidad. Hay parejas felices, familias que día a día comparten la alegría de serlo, amig@s que están para ayudar en circunstancias adversas, carreras profesionales que con esfuerzo van brillando, maestros que trabajan en equipo con sus discípulos.

¿Qué separan a unas trayectorias de otras? ¿Qué camino hay que recorrer para transitar de un estado vital a otro? ¿Qué no hay que hacer para perder ese difícil y maravilloso estado de equilibro?

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