El valor del tiempo

Conforme la vida avanza y un@ con ella, observa en la adolescencia la necesidad por vivir experiencias y acumular vivencias propias de supuestos adultos. Se tiende a vivir con prisas como si el tiempo se nos fuera a escapar. Sin embargo, cuando se imprime de una coherencia mínima a la vida personal y se sufren los impactos de aquellas, el tiempo y aprender a esperar nos aportan un grado de conocimiento valioso a la hora de tomar decisiones. Esa capacidad para asimilar los envites que la existencia nos pone por delante, y ser capaces de hacer bueno el dicho "no son las veces que te caes sino las que te levantas", son las que marcan la trayectoria y el ánimo vital de una persona.

Posiblemente, ahí radique la actitud, la perspectiva vital de cualquiera a la hora de hacer su vida. Un talante positivo o negativo puede incidir notablemente en la consecuención de los proyectos cotidianos que nos planteemos y, sobre todo, en el equilibrio y la alegría con la que seamos capaces de vivir. Y ambas actitudes, ambos comportamientos, generan una influencia sobre nuestro entorno de personas más cercano (desde pareja o familiares, hasta amigos o compañeros de trabajo). Por eso, la paciencia y la elección de las personas con las que hacemos nuestra vida son circunstancias decisivas para alcanzar los sueños del día a día.

Comentarios

Entradas populares