Hagamos que el mundo cambie

El viento irrumpe en la otoñal tarde anunciando las lluvias de las próximas horas. Donde pocos minutos antes había un cielo celeste despejado, aparecen las nubes cubriéndolo y tomando su cetro. Una buena tormenta debería sacudir el panorama político para que tod@s aquell@s que se afanan por ganar minutos televisivos anunciando supuestos planes y programas para dar respuesta a los problemas de la ciudadanía, en lugar de perder el tiempo en anuncios vacuos, realmente dejaran el sitio a gente honesta que cumpla con los compromisos adquiridos. Poco más que las agencias de publicidad que redistribuyen los réditos de las campañas publicitarias y de las ruedas de prensa pueden estar contentas con el circo sin arte, ni espectáculo, ni contenidos que entre un@s y otr@s montan. Y, por supuesto, l@s responsables de la vida política que practican ese modus vivendi, y los medios de comunicación que día tras día sirven de altavoz a esa forma de gestionar lo público.

¿Qué hacemos ante este panorama? ¿Cuándo reaccionaremos ante esta realidad? ¿Quiénes están dispuestos a luchar a diario para acabar con esta pantomima representativa? ¿Representantes de quiénes, de ell@s mism@s, de sus partitocracias? Y dónde quedan los problemas cotidianos de la gente: el desempleo, los salarios abusivos, los impagos a los autónomos, ...
Se hace necesario un grito constante de esperanza cotidiana lleno de compromisos que se respetan, de responsabilidades que se cumplen. Si no es así, solamente seremos siervos que consumen al servicio de los que marcan qué tenemos que comprar, cuándo y dónde. Pero, si no rompemos con esta filosofía de vida, no podremos vivir como personas libres.

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