La complejidad femenina

Se levantó de su asiento mientras los músicos interpretaban uno de los clásicos de Dire Straits. Iba camino del baño. En lugar de tomar la ruta libre a su derecha, optó por dirigirse por la izquierda. Eso le obligó a rodear la mesa ciento ochenta grados pasando por el estrecho espacio que había entre la columna y su amiga. ¿Por qué había optado por esa opción?

Tratándose de una mujer centroeuropea, profunda practicante de la cultura cívica, del respeto al otr@, a l@s demás, era un gesto que implicaba esa gentileza hacia las personas que ocupaban otras mesas tras ellas y seguían el concierto. Un par de botellas de agua acompañadas de un vaso con hielo y una rodaja de limón fue la bebida que saboreó durante la hora y media que estuvo deleitándose con la extraordinaria interpretación musical. Ese detalle también denotaba un acto de distinción de aquella mujer.

Más tarde, cuando hubo terminado el recital acústico que les brindó el dueto, las dos amigas tomaron sendas bicicletas. Una manera de comprometerse con el medio ambiente, de practicar deporte y de cuidar la salud. La noche otoñal empezaba a dejarse sentir. Con la misma espontaneidad con la que durante noventa minutos había actuado, se encontraba despidiendo el día charlando con un par de amigos a los que se habían encontrado de vuelta a casa. Ella se hallaba junto al coche de sus interlocutores, hablándoles y teniendo controlados a los pocos vehículos que venían de frente.

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