Las horas después

Múltiples pensamientos y sensaciones se agolpan en el interior de uno. Echa la vista atrás y medita sobre las decenas de miles de kilómetros que tuvo que recorrer para sacar un proyecto adelante. Las innumerables reuniones, la preparación de informes, la documentación que manejar, los contactos que hacer. Tal cúmulo de vivencias dejan un pozo en la vida personal. ¿Y ahora qué? En estos momentos en los que el sueño, el proyecto, ya acabó sin darle la oportunidad de echarlo andar, de poner en marcha el servicio tan necesario, qué hacer, qué decir.

Resulta curioso recibir horas después un correo masivo, tipo spam, de un miembro de la administración, proponiendo la opción de volver a presentar los proyectos con un nuevo presupuesto. ¿Se habrá preguntado aquél en algún momento de su vida profesional cuánto cuesta montar una empresa, mantenerla, pagar las cuotas a la seguridad social, los sueldos, los gastos de luz-agua-teléfono? ¿Sabrá cuánto cuesta hacer un cliente y fidelizarlo?

Quien quiera saber, aquí tiene datos: el coste de editar un libro y su propuesta didáctica con sus materiales multimedia complementarios sale por unos 45 € el ejemplar. Se necesitarían 4100 libros de enseñanza de español con sus propuestas y materiales para poder enseñar a otras tantas personas inmigrantes no castellano parlantes. Hay una empresa española que por esos 166 000 € más el coste de 7 € profesorado/hora puede enseñar castellano a más de 500 000 personas en Andalucía. Sin embargo, pese a los cuantiosos recursos que tiene el Fondo Social Europeo para acciones de ese tipo, estipuladas entre sus acciones, no es posible. Y de esta forma, así, año tras año, se dejan de invertir recursos disponibles en acciones que la población inmigrante y nacional necesitan. Cuando los planes de integración fallan, ya saben ustedes a quienes pueden pedir responsabilidades. Recuerden tod@s aquell@s trabajadores inmigrantes que en sus retenciones del IRPF y de cuotas a la seguridad social hay unos porcentajes destinados a su formación continua. Reclamen sus derechos a aprender la lengua de Cervantes, el idioma del país en el que viven a diario junto a sus familiares, porque ustedes cumplen con sus impuestos.

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