Olores del fin de semana

Camina por las calles comerciales y los olores se van cruzando por su nariz. Los jamones y embutidos dejan un aroma que aquella reconoce con especial apetito. Horas después serán consumidos en la barra de cualquier bar que se precie de contar con buenos ibéricos. Las gambas, almejas y merluzas acompañan al paladar para recordarle que la cocina española es rica por su variedad. El trigo del pan se irradia más allá de las puertas de las panaderías. Las mujeres en edad de ser abuelas ya a media mañana van tomando posiciones en los mostradores para hacer acopio de las viandas para sus casas y las de sus hij@s que trabajan como profesionales liberales.

Se toma el pulso a la economía doméstica y de las ciudades visitando sus mercados de abastos, sus bares, cafeterías y zonas de ocio. Si esos funcionan, la economía familiar sirve de impulso a la macroeconomía. Parece que la gente después del letargo de los dos últimos años comienza a despertar y a gastar el dinero con más alegría.

Irán pasando las horas y los perfumes irán tomando protagonismo a lo largo de las tres jornadas del fin de semana. Las mujeres darán testimonio de su belleza y elegancia después de haber estado trabajando en las oficinas durante los cinco días. Entonces, la actividad de las urbes adquirirá un nuevo ritmo, el que ellas marcan a su paso, o cuando disfrutando de una cerveza o de una copa de vino deciden obsequiar a un hombre con su atención. En ese momento, serán las feromonas las que liberen sus esencias para deleite de la persona elegida.

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