Vencer la apatía...

... no es fácil. Es un ejercicio que se tiene que poner en práctica cada mañana. Cuando ella invade a la persona, la vida se vuelve monótona, aburrida. Faltan fuerzas para seguir adelante, los estímulos fallan. Los proyectos se aparcan. Cualquier acción cotidiana, como levantarse para ducharse, arreglarse e ir al trabajo, se convierte en una pesadumbre. Cuando alguien vuelve al hogar y se sienta en la mesa para comer, la comida se convierte en un ejercicio de rutina que hay que hacer porque es necesaria, pero no se disfruta de los sabores, de los olores, de la buena conversación que hay que cultivar en torno a ella. ¿Qué hacemos ante ese panorama?

Primero, tener la honestidad y sinceridad para con un@ mism@ de reconocer que se ha entrado en un estado de ánimo apático. A continuación, es imprescindible preguntarse qué circunstancias nos llevaron a caer en ella. Una vez identificadas las causas y los motivos que la desembocaron, es necesario intentar separar los referentes que nos mantienen apátic@s, de los que no. O al menos, aquellos que son susceptibles con menos esfuerzo de revertir la situación. Dicho con una imagen gráfica: hay que ganar la guerra a la apatía venciendo en cada batalla particular. La suma de las batallas ganadas nos permitirá obtener el triunfo global. Hay que generar situaciones que nos fomenten placer, alegría, sensación de estar a gusto. Una vez alcanzado ese estadio, por ejemplo, cuando nos detenemos con una amistad para saborear una copa de vino y disfrutar de una grata conversación, tenemos que servirnos de ese impulso para que sea el motor que irradie nuevas energías sobre el resto de circunstancias personales.

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