Zocos del siglo XXI, escuelas de emprendedores

Las calles de los barrios habitados por la población inmigrante se han convertido en auténticos zocos. Los bajos de los edificios ofrecen negocios de todo tipo: locutorios y cibercafés, fruterías y verdulerías con productos de sus países de origen, carnicerías, bares... Va caminando uno por los soportales de los barrios y tiene la impresión de recorrer un laberinto con múltiples entradas y salidas. En las mañanas, las tiendas de productos alimenticios acogen a la mayor cantidad de clientela. Por las tardes, al igual que ocurre durante los fines de semana, la población inmigrante tiende hacia los locutorios para reencontrarse vía telefónica y cibernética con sus familiares y amig@s de sus naciones de procedencia. En ellos, convertidos en sucursales bancarias, realizan sus transacciones de solidaridad para con l@s suy@s. Son personas para las que el 0,/7% o más forma parte de su generosidad mensual sin necesidad de que ninguna administración o institución internacional se las reclame. No necesitan concienciación mediática para atender las necesidades que sus gentes padecen en sus países.

La aventura de salir de los estados que les vio nacer ha hecho que tengan un espíritu emprendedor ejemplar. Confían en la capacidad de superación, en afrontar los riesgos que implica la vida como autónom@. Son conscientes de que el trabajo cotidiano bien hecho conduce a contar con una clientela leal. Esos cientos de miles de hombres y mujeres, primero, arriesgaron sus vidas y pequeños ahorros para salir de sus países. Y, segundo, empezaron trabajando en diferentes empresas hasta que han montado sus propios negocios. En ell@s encontramos una fuente de historias de vida tremedamente valiosa para despertar vocaciones emprendedoras en las nuevas generaciones. Son laboratorios de vida a los que animamos a llevar a la juventud que se encierra en las aulas universitarias y pretenden algún día poner en marcha su empresa.

Comentarios

Entradas populares