Bon appètit...

es una deliciosa historia de tres jóvenes que se conocen por su pasión hacia la restauración culinaria en Suiza. La amistad, la vocación profesional y el amor entran en escena para hacer un fiel retrato de la actual generación del 74 en Europa. Una alemana de Baviera, un italiano del norte y un español de Bilbao deciden emprender la aventura de emigrar para lograr su consagración laboral. Sueñan con ser reconocidos internacionalmente como sumiller, ella, y ellos como cocineros. Ell@s tres van a ganarse la vida a otro país, pero a diferencia de los españoles o italianos que emigraron en los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, lo hacen para ver cumplidos sus sueños profesionales. No son como los africanos, o los sudamericanos o asiáticos que también viajan a cualquier ciudad europea desde sus países buscando un oasis de paz y prosperidad.

La cámara panorámica que nos ofrece un retrato desde el aire de la ciudad suiza, acompañada por una magnífica música -elemento esencial a lo largo de toda la trama y cuidado al detalle-, nos sitúa a l@s espectadores ante el escenario principal en el que la historia se desarrolla. Desde el cielo, bajamos a la tierra de asfalto para vivir el nacimiento de un amor, de unas amistades, y de la realidad que hay detrás del mundo laboral soñado. Se puede ser un chef internacional o una sumiller reconocidísima, a cambio de perder el resto de vocaciones personales: el amor, la amistad, un paseo, la familia, o seguir descubriendo el mundo. Ante esa realidad que representa el dueño del restaurante en el que nuest@s tres protagonistas se conocen, ell@s tres se revelan.

En esta cinta se refleja uno de los conflictos claros que actualmente está sacudiendo al mundo. Esa crisis que los medios de comunicación airean desde hace casi tres años, dando preferencia a sus orígenes financieros, socioeconómicos y políticos, tiene unas raices más importantes y profundas. Es un drama de filosofías de vida, de maneras de entender la existencia. Si como el afamado dueño del restaurante se apuesta todo por una carrera profesional, el resto de circunstancias vitales se marginan y se monta una falsa vida paralela. Por eso, ante esa perspectiva trágica de la vida, nuestros tres treintaner@s protagonistas deciden emprender su cruzada intergeneracional y personal con el fin de encontrar el auténtico sentido a sus trayectorias.

Una última propuesta para quien lea esta visión de Bon appétit, ve a verla. Si no te gusta y me argumentas sólidamente por qué, te invito al cine la próxima ocasión.

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