Erotismo y sensualidad

... Él dirigió su mano derecha hacia el cóctel. Tomó la copa y con su mano izquierda cogió la banderilla con la aceituna. Mojó ésta en el martini y lentamente la acercó hasta rozar el centro del labio superior de Marga. Hizo un ligero movimiento hacia abajo con el palillo de manera que parecía que ella besaba la oliva. En ese momento ella esbozó una leve sonrisa de placer y con su lengua comenzó a juguetear con la aceituna. Abría lentamente su boca, asomaba la lengua y rozaba con su borde el cuerpo de aquélla. En uno de aquellos contorneos, él se acercó a escasos dos centímetros de sus labios y le sopló susurrándole hacia el cielo de su boca. Ella parpadeó con sus ojos y emitió un profundo suspiro. Ante aquella reacción, él agachó levemente su cuello y comenzó a soplarle debajo de la barbilla. Dejó la aceituna en el vaso y con su nariz fue acariciando el lado izquierdo del cuello de ella hasta llegar a la altura de su oído. Al sentir el lóbulo de su oreja, él le brindó un intenso mordisco con sus labios. Metió su lengua en el carril de aquélla y cuando logró formar en su boca una gota acuosa la dejó caer sobre el orificio de ella.

Pablo alzó sus dos manos hacia la testa de Marga y arrastró sus dedos desde el comienzo de la melena hasta sus sienes. Cuando hubo alcanzado con sus dos manos la coronilla de la actriz, comenzó a darle un masaje suave con las yemas de sus dedos. Ella se dejaba llevar por las sensaciones que su cuerpo le iba transmitiendo y movía lentamente su cabeza, mientras sus cejas y párpados empezaban a hallar la relajación propia del placer. Él con sigilo se fue incorporando en el sofá y le dio un giro de ciento ochenta grados al cuerpo de ella, dándole la espalda. Le levantó la melena y se la llevó hasta su hombro izquierdo, dejándola reposar sobre aquel. Cuando tuvo libre todo el lado derecho del cuello y del hombro de Marga, Pablo comenzó a darle pequeños mordiscos con sus labios y dientes. Tomó los largos brazos de ella, los unió a los suyos y empezó a acariciarle las palmas de las manos con sus uñas. Sin prisas, fue subiendo sus dedos hacia los brazos hasta llegar a la altura de sus senos. Una vez alcanzada esa zona de la figura, como si de dos imanes se tratarán, fue llevando sus manos hasta el centro de la espalda de ella. Desató el lazo que sostenía el pareo y con delicadeza fue dejando al desnudo el torso y el tren inferior de la artista. La tela de lino quedó circunscrita a las caderas de ella como si de una aureola se tratara.

Ella dejó caer su espalda sobre el pecho de él y giró levemente su cuello hacia el lado derecho buscando la boca del amante. Comenzaron a besarse, mientras que con sus torsos bailaban al son que sus deseos les marcaban. La libido de ambos iba alcanzando nuevas cotas, dejando notarse sobre sus órganos genitales que se iban excitando conforme ellos profundizaban en su grado de compenetración. Para alcanzar un nuevo estadio de éxtasis, él alcanzó una copa y con cuidado fue dejando caer lo que quedaba de martini sobre la parte frontal del cuello de ella, que sintió como su canalillo se convertía en un improvisado curso de un río de placer.

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