Homenaje a la espera

¿Quién no ha esperado alguna vez? Quien no lo haya hecho, que levante la mano, mande un correo electrónico masivo o lance una campaña publicitaria global. Será digna de estudio sociológico, habremos de darle el Oscar a la mejor interpretación, el Nobel al desconocimiento de la Paciencia , o el Sigmund Freud por no requerir de la terapia de un diván para hacer frente a las cornadas de la vida.

Espera es la raíz de la palabra esperanza. Y es ahí donde se vuelve más puñetera, y a la vez más necesaria, porque quien está esperando tiene la ilusión, la alegría contenida de que su sueño se va a cumplir. ¿Y si no se cumple, qué ocurre? La persona se desilusiona, ve truncados los esfuerzos que hizo para sacar adelante sus proyectos. Sin embargo, ante esa situación, el ser humano se revela, no puede aceptar que todo siga igual, sin expectativas, sin posibilidad de que el futuro cercano y el más lejano cambien para bien. Si esto fuera una constante invariable, la gente dejaría de encontrar sentido a su existencia.

¿Qué nos hace seguir tirando para adelante? Mirar atrás y ver que no todo en nuestra vida fue triste, ni imposible, que otros proyectos cotidianos vieron la luz. Esas experiencias positivas son nuestras antorchas diarias en la caverna del vivir. Esas lucecillas en nuestras trayectorias dan razones a nuestra vida, alumbran de fe nuestro caminar. Si no probamos, dejaremos de comprobar que la espera regala esperanza, y que ésta proporciona a aquella paciencia, fuerza, vitalidad.

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