Lunes de expectativas

Comienza la semana y lo hace en buena parte de España y de Europa acompañada de nieve y lluvia. Normal, es otoño, casi invierno. Lo poco probable, salvo en épocas de sequía, es que el sol y las altas temperaturas reinaran en nuestras ciudades. Cuando este panorama de climatología aparece, las ganas de trabajar, siempre que el ambiente laboral sea grato, aumentan. Sobre todo, cuando en el horizonte se vislumbra con fuerza el macro puente romano de diciembre. Y si a eso, a medio plazo, alcanzamos a ver las Navidades, quién se puede quejar. Pues posiblemente, todas aquellas personas con problemas graves en sus vidas o en sus entornos: parad@s, gente marginada, enferm@s. ¿Y los demás? Esos que tienen buenos sueldos, o medianos, que les llega para vivir decentemente, y cuya salud les acompaña, por qué se quejan.

Hace un rato, la Comisión Europea ha pedido nuevos ajustes a España para cumplir con los compromisos que le permitan reducir su deuda publica en los próximos años, y que con nuevas medidas estructurales pueda crecer sosteniblemente y generar empleo de calidad. Hoy, el Nobel de Economía, Paul Krugman, en su columna semanal en el diario El País, estima que la situación española es consecuencia de la excesiva elevación de los precios y de los salarios en la década que termina. Señor Krugman, ¿le ha contado alguien de este país, cómo subieron los precios con la entrada del euro en España desde una simple cerveza a una vivienda en ese periodo? Se pasó de pagar por una cerveza 100 pesetas un 31 de diciembre, a pagar al día siguiente 1 euro (166,386 pesetas). Una vivienda, coja usted cualquiera de renta libre, se hipervaloró una media del 30% durante ese periodo. Un precio ficticio, irreal.

¿Lo hicieron igual los salarios medios de la ciudadanía? Mr. Paul, le aseguro que no. La parte de culpa de los ciudadanos radica en que se dejó arrastrar por ese desmadre de consumo y precios, y hubo poco sentido tanto de la solidaridad intergeneracional como de tomar conciencia de los problemas comunes. La mayoría de la gente, pensó, yo estoy libre de obstáculos. Eso también tenemos que denunciarlo. Frente a ese panorama, es necesaria una catarsis que nos permita limpiar y corregir los desmadres cometidos, tanto en España como en el resto del mundo desarrollado. ¿Está la gente dispuesta a ello? ¿Los políticos que gestionan desde los pequeños municipios hasta los conocidos internacionalmente abandonarán la demagogia y sus intereses particulares? ¿Las empresas, desde pymes hasta multinacionales van a hacer un ejercicio de responsabilidad social apoyando a tod@s l@s emplead@s competentes en tiempos de menos ganancias?

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