Claros entre la oscuridad

Primer día de 2011 y los ánimos buscan esperanza para la vida cotidiana. La pide una madre que con cariño y vocacional entrega atiende a sus hij@s desde que ell@s ponen los buenos días de sus relojes personales. La reclama un insigne científico y humanista que desde su medio de comunicación global sigue intentando transmitir un mensaje de coherencia y humanidad para la persona y para la "manada". Una abuela, desde la experiencia de la vida, sigue animándose dando el ejemplo de aportar comodidad y calor hogareño a los suyos.

Ha amanecido el día entre nubarrones y claros en el suroeste de Andalucía. El Sol tímidamente asoma y cuando sus rayos alcanzan el cuerpo de un ser humano, se siente el calor reconfortante de su energía. No hace el frío invernal de otras jornadas, ni tampoco hay que preocuparse por la lluvia intensísima de los últimos días. La cantidad de agua caída y almacenada en el subsuelo hace que la sensación térmica no sea ni de frío ni de calor mientras la estrella solar está presente. Cuando llega la noche, si algo de viento se levanta, la persona requiere del calor de los alimentos, de una estufa, para estar a gusto.

Se mira hacia atrás, y la década inicial del siglo veintiuno, ha dejado demasiados claroscuros en España. Desde hitos extraordinarios como los deportivos hasta la pesadumbre del cierre de empresas, o nuevamente el paro masivo. Formamos parte de Europa, ¿qué tenemos que hacer para lograr un consenso global para que podamos vivir con más felicidad y con un equilibrio sincero y coherente día tras día?

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