El valor de la palabra dada

En esta época que estamos viviendo, el valor de la palabra dada se está desmoronando. Pasa del cénit a la debacle en cuestión de horas, de días. Es consecuencia de la falta de compromiso con el acto siguiente, el de poner en práctica lo que se ha comprometido con esa palabra dada, con esa aseveración libremente aceptada. Lo podemos comprobar en múltiples circunstancias de la vida cotidiana, que van desde la esfera privada y personal hasta lo social. Citemos algunos casos, y veamos como desgraciadamente así acontece. En el plano de la vida interpersonal, hay gente que de pronto manda un mensaje a un móvil para acordar una cita para el día siguiente. Sencillamente, tomar algo y ver a alguien a quien se supone apetece ver. Sin embargo, la persona que ha recibido la invitación, se queda a la espera de reencontrarse con ese amigo o ese conocido. ¿Por qué ocurre eso? Querido lector podrá decir que es consecuencia de que surge algo inesperado. Esa pudiera ser una respuesta, pero permítame que le diga que esa situación se da en una minoría de supuestos. En la mayoría de los casos, es consecuencia de la falta de compromiso, de escrúpulos, de la mínima capacidad de asumir el acto propuesto. Hay un egoísmo inherente y ventajista en quien así actúa.

Si nos vamos a la circunstancia de la vida profesional, tenemos ejemplos de compañías que venden con un marketing falso unos servicios que supuestamente está capacitada para dar porque dispone de todos los recursos para ello y, sin embargo, a la hora de la verdad, esos recursos solamente quedan circunscritos a la hoja de papel en la que se publicita una falsa capacidad. Cuando otra empresa, o un particular, se dispone a recibir ese servicio ofertado, se encuentra con que la misma no dispone de los recursos humanos, ni técnicos ni de logística para corresponder con el contrato acordado.

Es curioso, pero la libertad personal, interpersonal, social se está viendo enormemente afectada, agravada por ese cúmulo de comportamientos. En pleno siglo XXI, en el que buena parte del mundo dispone de sistemas políticos, jurídicos y legislativos democráticos, con unos niveles de desarrollo económico muy estimables, sin embargo, el libertinaje con que se habla y, por tanto, con el que se actúa, está haciendo un daño terrible a la vida personal, interpersonal, social. Les lanzo esta pregunta, ¿qué tenemos que hacer para que esto deje de ocurrir?
Antes de contestarla, un penúltimo apunte, ¿hasta qué punto estás dispuest@ a comprometerte y con quiénes?

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