La belleza de un cielo invernal

Aunque aún quedan casi dos meses para que llegue la primavera, los días van ganando poco a poco terreno a las noches. El reloj y las normas del universo van dando pausa a ese tránsito, avanza el calendario y las tardes van teniendo más luminosidad. Se nota sobre todo cuando los días de lluvia dan paso a jornadas en las que el Sol aprieta con la intensidad que el invierno le permite. La inclinación de los rayos solares hace que cualquier caminante sienta con mayor o menor fuerza el calor que reconforta en función de la acera por la que camine. Las horas previas a la noche ya no son tan frías en el suroeste como antaño, cuando la humedad de las lluvias caídas y la posición solar podían con la vitalidad del astro.

Ya avisaba Aristóteles de la incidencia del tiempo en las formas de vida de la gente, de los pueblos. Esa luz, que podemos disfrutar, ayuda a que los ánimos se templen siempre y cuando el resto de circunstancias también favorezcan la templanza frente a las actitudes irascibles. En nuestro tiempo, cuando los rescoldos de la crisis están vivos, en fenómenos pequeños como este podemos hallar valiosos momentos para el disfrute. En la mirada que cada un@ tenga, está la capacidad de apreciar algo al alcance de quien asimile esa forma de vivir. A veces, en detalles o en vivencias como estas, podemos encontrar la persona con la que es posible saborear esos instantes y, por tanto, construir una amistad o una relación interpersonal valiosa. 

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