Las lagunas de las predicciones

A lo largo de su vida, Ortega prestó especial atención a la labor científica en cualquier campo de otr@s científic@s. Las circunstancias vitales que le llevaron a ello fueron su clara vocación hacia las ciencias, especialmente su condición de filósofo y de educador social a través de los medios de comunicación. Y ser consciente de la necesidad de que España volviera a reclamar su identidad europea y se desarrollaran carreras científicas en el país que permitieran el crecimiento personal, económico y social. En nuestro tiempo, resulta curioso que ahora muchos reivindiquen el I+D+i cuando personas como Ortega, entre otras, desde el primer tercio del siglo veinte lo fomentaban con sus decisiones propias y sus compromisos. Debe ser que leyeron a otros, u obviaron por motivos varios a aquellos, o por ese afán desmedido de determinada gente de ponerse medallas.
Otro de los comportamientos que destacaba en el pensador español, especialmente a partir de la edición de su célebre La rebelión de las masas, fue la autocrítica hacia la tarea de determinados científicos en aquella época. El convertirse en grandes referentes para la humanidad por inventos o predicciones cumplidas en sus campos de trabajo, llevaron a algunos a considerarse a sí mismos como lo que popularmente se conoce como sabelotodos. Sin embargo, se demostró que muchas de las predicciones que hicieron en campos o temas de los cuales eran auténticos ignorantes, efectivamente no se cumplieron. En aquellos tiempos, como hoy, los medios de comunicación de masas tenían un efecto altavoz tremendo, por lo que cualquier comentario de un personaje así se transformaba casi automáticamente en una verdad incuestionable. Ortega tenía una desconfianza y un rechazo claro hacia ese tipo de individuos, ya que conocía los efectos nocivos de sus comentarios y decisiones. Es más, en la citada obra, los definió como un ejemplo de persona masa; esto es, aquella que solamente quiere derechos pero rechaza las obligaciones que aquellos conllevan. En habla popular, l@s que solo quieren el ancho del embudo.
Ahora, cuando la crisis está en la calle, y la gente vive muy preocupada por las consecuencias de la misma, los miedos personales y colectivos emergen. ¿Qué pasará cuando la situación vire para bien? ¿Cómo habrán evolucionado la gente, las instituciones, para evitar nuevas situaciones dramáticas? La respuesta se tiene que iniciar en cada persona, madurar, sopesar sus pros y sus contras. Y tiene que haber un debate colectivo coherente y honesto. En países como España, en el que habrá elecciones municipales pronto, habrá que estar atentos frente a los encantadores de serpientes de cualquier bando. En los pactos entre Estados, será necesario conocer en profundidad las consecuencias de los mismos. Ya se ha demostrado que los derechos de una mayoría que cumple con sus obligaciones, se pueden ver violados por los intereses espurios de unos pocos que solo piensan en sí mismos. Es obvio que cada persona está vinculada a un país o a una civilización –entiéndase ésta como forma de vida, con sus creencias, vigencias y hábitos de vida–. Pero también tengamos presente que compartimos precisamente eso, ser personas, tener circunstancias, biografías que construir y recursos que compartir. 

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