Soberbios y engolados de esta crisis

En el primer volumen de su autobiografía, Una vida presente, Julián Marías anunciaba cómo durante la Guerra Civil Española descubrió el afán de la gente, de muchas personas concretas, por detentar el poder y disponer de los recursos que aquel genera. Eran actitudes y comportamientos radicados en la gula, la envidia, las ambiciones desmedidas y las carencias vividas en el pasado sin ser conscientes de que la opulencia excesiva también es contraproducente. Entre las duras experiencias que narraba, le llamó la atención como un día un líder comunista republicano defendía, sin importarle las consecuencias humanas, la prórroga de la contienda española. Durante el debate, Marías, atónito por los argumentos que estaba escuchando, le dijo: ¡pero eso va a costar la vida a unas doscientas mil personas más. Eso es una locura! A lo que aquel individuo respondió: ¡No importa, le interesa al Movimiento Obrero Internacional!
En nuestro tiempo, en pleno siglo XXI, cuando han transcurrido ya más de siete décadas de aquellos miserables hechos, vemos como la condición humana de determinada gente, los intereses de ciertas minorías aferradas a vivir desde el poder y ejercerlo con despotismo, están hostigando las posibilidades de desarrollo pleno de la libertad propia, de una vida elegida por coherente e íntima decisión, de vivir en una democracia real diaria, a millones de personas. He ahí una de las raíces de la crisis que estamos viviendo. Bajo el falso paraguas de los bajos créditos, de campañas vacuas de publicidad fomentando la emancipación de las nuevas generaciones mediante la compra de viviendas, y la estimulación del consumo desmedido, sentimos la tristeza, la decepción, la desilusión, la desazón de millones de personas que se han dejado arrastrar por esa trayectoria vital.
Vemos como hay una ruptura clara entre: las creencias sociales de la generación que asume el poder actualmente, que es aquella que está entre los 65 y los 50 años; las ideas sociales de la generación que la acompaña asumiendo el mando progresivamente, que es la que tiene entre 49 y 34 años; y las incipientes ideas de la generación que está transitando entre la conclusión de sus estudios y la incorporación a su primera etapa laboral; la generación que va entre los 33 y los 20 años. En esa trama, la falta de escrúpulos, especialmente de la gente mediocre, está a la orden del día. Y téngase presente, que hay creencias e ideas compartidas por personas de las tres generaciones, y otras que no. 
Se está produciendo un enfrentamiento claro entre las creencias establecidas y las ideas que emergen, o que estaban ahí pero sin ser vigentes. Y todo ello enmarcado en un contexto con graves problemas medioambientales provocado por un modelo de desarrollo socioeconómico insostenible e inhumano. Como consecuencia de ello, la solidaridad generacional y la intergeneracional se están viendo afectadas. Las relaciones interpersonales, desde familiares hasta sentimentales, pasando por las amistades, están sufriendo un grave deterioro. Vemos, como la esfera de lo privado y lo público están conviviendo con duros roces y enfrentamientos, sin encontrar puntos de encuentro porque el egoísmo de las partes, o de al menos de una de ellas, lo impiden.
¿Qué se puede hacer ante esta realidad? Don Julián Marías, a lo largo de su trayectoria humana e intelectual, siempre remarcó las vicisitudes que la mayoría de la gente ha tenido que pasar a lo largo de la historia para lograr avances en cualquier terreno. Está claro que para que ello siga ocurriendo, para que todos  –salvo para aquellos que no gozan con la alegría de la mayoría– veamos recompensados los esfuerzos por sacar la vida propia adelante, hay que dejar a un lado el egoísmo ilícito y los intereses arbitrarios, y que los proyectos de unos pocos salgan adelante a costa de la gente honrada y comprometida en su vida cotidiana.  

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