Los desequilibrios

En el día de ayer, El País publicaba una entrevista a Pepu Hernández, entrenador de baloncesto del DKV Joventud. La Copa del Rey de este deporte, que se está celebrando estos días en Madrid, dio origen a la misma. En otros deportes, por ejemplo, el fútbol en España, desde hace meses hay un debate abierto acerca de los derechos y las cantidades que los clubes han de ingresar por ceder sus derechos televisivos. En las dos últimas temporadas, estamos viendo en el balompié de este país como las diferencias entre Barcelona y Real Madrid se están agrandando respecto al resto de clubes. Este año además de la Liga se están viendo reflejadas en la Copa del Rey. Múltiples son las razones, los argumentos, que hay bajo estas realidades. Las gestiones de cada institución, los capitales económicos a los que tienen acceso, los recursos humanos con los que cuentan, los intereses creados que les hacen estar en una situación de privilegio respecto a otras entidades.

¿Qué consecuencias están teniendo estas circunstancias sobre el devenir deportivo, social, de España? ¿Hasta qué punto es bueno que se produzcan estas diferencias tan acusadas? ¿Qué errores han cometido las instituciones que no llegan a esos niveles de solvencia para encontrarse en la situación actual?

En el transcurso de la entrevista, Pepu Hernández, que lleva una trayectoria deportiva ejemplar, a pesar de las dificultades que su grupo técnico y de jugadores tienen que lidiar a diario, apelaba al amor propio, al trabajo personal y de grupo serio, al talento y a la capacidad de superación, para competir dignamente. Y cuando menos intentarlo. Unas horas después se celebraba su partido de cuartos de final frente al Regal Barcelona. Durante más de tres cuartos del encuentro, esos valores y compromisos se vieron reflejados en la cancha.

También hace unos días, otro entrenador de baloncesto, Ettore Messina, reflexionaba en voz alta sobre las equivocaciones que había cometido el Real Madrid, equipo al que entrena, en los últimos años en la planificación deportiva y a la hora de marcar los objetivos. Con argumentos, acompañado por históricos de esa sección en la casa merengue, señalaba que la historia no aportaba canastas a favor. Y que incluso se había convertido en un hándicap adverso en ese tiempo por no saber medir las circunstancias, los recursos y las gestiones de ambos.

Algo similar, volviendo al fútbol, le está ocurriendo, por ejemplo, al Sevilla Fútbol Club, entidad que durante la primera década del siglo presente ha dado un giro para bien muy significativo. De estar en ruina a ser una institución con un pasado reciente excelente, y un presente y futuro con posibilidades de seguir creciendo. Sin embargo, la suma de decisiones erróneas y de determinadas circunstancias difíciles de controlar –lesiones– han enturbiado sus posibilidades. También un sector de la afición y ciertos medios de comunicación han sido excesivamente despectivos con su devenir.

¿Cómo se pueden virar esas realidades descritas? La autocrítica ha de ser un punto de partida. Y la egolatría ha de dejar paso a la generosidad, a ser conscientes de que a lo largo de la vida, ni nadie ni ninguna institución está eternamente en la cúspide. Por eso, reflexiones como las de Pep Guardiola, recientemente, alabando al Real Madrid de Di Stéfano, son bienvenidas a la hora de valorar cómo hacer madurar la convivencia democrática de un sector profesional o de un país.

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