Sábado de descanso y expectativas

Un sábado encierra muchos sábados, en función de la persona, de la ciudad, del país, del tiempo… En definitiva, del conjunto de las circunstancias. La gente, desde la que está en edad de ser abuela hasta la que vive su niñez, lo siente como un día de relax y de fiesta. Sin embargo, para otras personas es jornada de trabajo intenso; los profesionales de la hostelería y la hotelería, de la sanidad, de la rama del comercio…

Es sábado de mediados de febrero en busca de la recta que encarará su final para proseguir su recorrido hasta la primavera. Poco a poco, vemos como la luz solar dura hasta cerca de las siete y media de la tarde en el sur de Europa, y ello nos va aportando nuevas dosis de energía positiva. Los anocheceres son más suaves en cuestión de temperaturas, ayudando a disfrutar del paseo por las calles de las urbes y a detenerse a apreciar la belleza de un rincón. O a compartir una tapa en compañía de una buena conversación.

Se puede por la mañana hacer acopio de las compras principales para la semana próxima, ordenar las cuestiones básicas de la casa, y sentir la tranquilidad de poder afrontar el resto de la jornada y del domingo para vivir el ocio, el descanso. Paladear la alegría cotidiana de quien se detiene a viajar por otras tierras, dejándose empapar de la paz, de la salud, que regala la naturaleza. Detenerse a apreciar una exposición hecha con mimo, con talento, con sentido de equipo y sensibilidad. Volver a la infancia, y jugar con los niños a cualquier ocurrencia o juego que les plazca, y recibir la alegría y las fuerzas que su talante ante la vida les hace tener.

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