Una película anticrisis

Así podemos ver e interpretar El discurso del Rey. Las dudas, los miedos personales, que provocan la tartamudez del futuro monarca, conforman la semilla que da origen a la cinta. A ello cabe unir su carácter introvertido, sumido en su responsabilidad como uno de los descendientes de la casa real británica, frente a la personalidad extrovertida y mundana de su hermano primogénito, que debiera ser el sucesor de la saga. Esa raíz se ramifica en los lazos que se establecen entre él y Lionel, un logopeda que desarrolla una relación humana llena de cercanía, de tú a tú, donde las clases sociales o los estamentos quedan al margen. Ese es uno de los logros principales que director, guionistas, productor y actores, han logrado con esta obra cinematográfica. En ese sentido, es un canto a la libertad, a la democratización de las relaciones interpersonales. Y en ese entramado el papel de la mujer cobra un sentido decisivo. La futura reina consorte toma la decisión de ayudar a su marido, buscándole a alguien capaz de enseñarle a vencer esa dificultad, esa discapacidad. Podemos afirmar que en las figuras femeninas de ella y de la esposa del doctor, encontramos pioneras que vencieron los roles que les tenía asignada la sociedad de su tiempo, para romper creencias y costumbres arcaicas. Es curioso como al final de la cinta, una vez que el problema principal ha sido resuelto, ambas damas asumen sus papeles de mujeres bisagras que también saben estar en su sitio, y asumir esos roles que la sociedad les dio en tiempos pasados.
En nuestro tiempo, en el que la crisis socioeconómica está muy viva, el grito lleno de ironía, de vencer a los miedos establecidos, de reconocer los errores propios o de la comunidad, que esta película nos pone delante de los sentidos, tiene que ser un ejemplo a seguir para vencer las dificultades y las miserias que vivimos. Es evidente, como podemos ver en esta obra de Tom Hooper, que los mensajes que nos envía no son fáciles de conseguir. Sin embargo, nos muestra que con esfuerzo, con coherencia, con capacidad de ponerse en la situación del otro, es posible. Y que ese es el camino para que los valores del respeto, del compromiso, de la libertad o la igualdad, realmente calen en cada persona, en cada grupo, en cada institución, por tanto, en la sociedad. 

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