Y las prisas, para qué

En la noche de ayer lunes, La 2 nos obsequiaba con otra película de calidad, 4 meses, tres semanas y dos días. Esta historia que se desarrolla en Rumanía retrata un problema global a través de varias circunstancias de dos jóvenes y su mundo: las ansias por alcanzar experiencias en la vida; los desencuentros intergeneracionales; la dificultad de las relaciones interpersonales; y el aprovechamiento que hacen quienes no tienen escrúpulos de los problemas de los demás. Esto último, dejarse utilizar por otra persona, es la consecuencia de no haber tomado precauciones o de haber fallado las tomadas: el embarazo no deseado de la joven. El tributo que tienen que pagar la chica embarazada (Gabita) y su compañera (Otilia) es cruel: un aborto practicado ilegalmente en la habitación de un hotel. Y que Otilia mantenga relaciones sexuales con el crápula del doctor antes de la práctica de la operación de aborto de Gabita. ¿Por qué se llega a estos extremos?
La respuesta a esa pregunta no es fácil. Normalmente, para que realidades así ocurran, tienen que darse una serie de circunstancias que las provoquen. En el caso que nos ocupa, podemos destacar varias:
La falta de un liderazgo familiar sobre las chicas que marque con claridad y argumentos los peligros que la vida encierra. La carencia de esa autoridad materna o paterna que deje actuar con libertad y responsabilidad a sus descendientes, hace que ellas dos asuman más riesgos de los que están capacitadas a esa altura de sus vidas.
Un entorno social en el que se pretende pasar con excesiva rapidez de un sistema dictatorial a una democracia parlamentaria. Eso lleva tiempo, esfuerzos, capacidad de aprendizaje común de todas las instituciones y personas de una sociedad. Es muy simbólica la cena cumpleaños en casa de la familia del novio de Otilia. En ella, personas que se dedican desde profesiones liberales hasta desempeños con rangos universitarios, cometen el vicio de lanzarse a la cara lo que llevan conseguido en la vida. Este es un grave error de nuestro tiempo, la egolatría de mirarse en lo que tienen los demás, en lugar de detenerse la persona a observarse a sí misma y vivir conforme estima que puede ser feliz a diario. Así es muy difícil cooperar en la construcción de un entorno familiar saludable, de un vecindario humano, de una ciudad solidaria o de un país en el que merezca la pena levantarse cada mañana.
Para quienes ven cine teniendo en cuenta los premios que la cinta ha recibido, comentadle que recibió entre otros la Palma de Oro de Cannes en 2007.

Comentarios

Entradas populares