Cine y democracia


El cine se ha convertido a partir del siglo XX en un gran referente transmisor de comportamientos humanos y, por tanto, de valores y principios. Sentados en la butaca de una sala cinematográfica, en el salón del hogar, o en un cine forum, podemos percibir qué razones vitales, qué circunstancias, llevan a los personajes de las películas a comportarse de una manera o de otra. Es obvio, que en muchas películas, sobre todo aquellas que reflejan historias de vida, los actores encarnan las situaciones ante las que cualquier ser humano tiene que dar respuesta cada día. Esas circunstancias que inciden en sus tomas de decisiones, nos reflejan las trayectorias posibles que puede recorrer y, por tanto, vivir. Tomar un camino de los múltiples senderos, también supone renunciar a los otros. Aunque siempre cabe la opción de vivido, experimentado, el trayecto inicial elegido, renunciar a él en un momento dado porque no aporta la felicidad, la alegría, o el objetivo buscado. Dado ese caso, vemos cómo la actriz o el actor, en definitiva la persona, se detiene a valorar otra opción de las previstas o cualquier otra que pueda surgir.

En un periodo grave de la historia de la humanidad, como fue la Segunda Guerra Mundial, se rodó el clásico Casablanca. En esta cinta, podemos ver cómo los personajes, especialmente, los principales, evolucionan en sus trayectorias conformen las circunstancias propias de cada uno y del resto de las personas implicadas en la trama van evolucionando. Se van dando unos matices en el conocimiento que se va teniendo del pasado de las biografías de los demás, que obligan a tomar unas orientaciones y unos caminos que en un principio estaban lejanos e incluso, en algunos casos, parecían abandonados. Y las consecuencias de aquellos actos, encarnados principalmente en los personajes de Rick y del prefecto Renault, son de una enorme trascendencia tanto para sus vidas propias y de las personas más cercanas -Víctor Laszlo e Ilsa Lund- como para del resto de la sociedad en Casablanca y en el mundo.
Rick simboliza los Estados Unidos, su apuesta por la democracia global de base liberal parlamentaria. Su paso al frente, matando al Jefe del Estado Mayor Nazi -Strasser-, implica la entrada de la potencia norteamericana en favor de la democracia en Europa y en el resto del mundo.
El gesto siguiente del prefecto Renault, tirando la botella de agua de Vichy, representa cómo la resistencia del pueblo francés y del resto de pueblos europeos inmersos en la contienda, sienten ese apoyo por la causa democrática. El adiós al régimen de Vichy muestra el rechazo a las dictaduras y oligarquías de cualquier tipo.

En nuestro tiempo, estamos viendo cómo las nuevas tecnologías, el acceso a ellas, la universalización de la formación y el deseo de la gente por vivir dignamente y en paz, están contribuyendo a ese efecto democratizador que el cine puede aportar. Es clave que el buen cine, el comprometido con esos valores, llegue a cualquier municipio, mancomunidad, a sus gentes. Películas como las reseñadas en este blog, entre otras, El discurso del rey; Bon appétit; Bienvenidos al sur; Más allá de la vida; Tres meses, cuatro semanas y tres días; Nunca me abandones; o la libanesa Caramel, nos están transmitiendo el mensaje de la necesidad de tener visiones y vidas más humanas, más justas y más democráticas. Ahora, posiblemente, nos toca a tod@s intentar hacerlas posible.


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