Irina Palm, humanidad que estremece


Dentro de su ciclo semanal que La 2 de Televisión Española dedica al cine mundial, el pasado lunes 28 de marzo nos brindaba la posibilidad de contemplar la película Irina Palm. Esta historia nos narra las penalidades que pasa una familia que integran dos jóvenes que están a caballo entre los treinta y los cuarenta, debido a que su hijo pequeño sufre una enfermedad que puede acabar con la vida de aquel. Ingresado desde hace tiempo en un hospital, la única vía para intentar sanarle pasa por una compleja y costosísima operación, dado que con los tratamientos paliativos no hay cura. La situación socioeconómica de la pareja y de sus familias de origen impide asumir los gastos de la cirugía. A pesar de las ayudas recibidas por conocidos y vecinos, no tienen recursos.

Ante esa cruel realidad, la abuela paterna del niño decide emplearse en un Sex Shop para ganar el dinero que haga posible operar a su nieto. Y el trabajo que acepta es masturbar a hombres a través de un agujero que comunica la sala en la que ella se encuentra con la que ocupan aquellos. Al principio, como a cualquier persona en su circunstancia, las dudas de todo tipo la impresionan e intimidan. Sin embargo, el amor hacia la vida de su nieto y hacia su propio hijo, la llevan a hacer de tripas corazón y seguir para adelante. Allí, empieza a trabar una relación amistosa con una compañera en el oficio, que será quien le dé su primera orientación profesional.

Sin embargo, conforme la cinta va desarrollándose, ambas mujeres se encontrarán con la dicotomía de enfrentarse a una nueva circunstancia: las destrezas que Maggy –nombre de nuestra protagonista principal– desarrolla provoca que su más joven colega laboral sea despedida. Eso genera un enfrentamiento en el que Maggy incluso llega a hablar con el jefe y propietario del Sex Shop para que vuelva a contratar a aquella. Sin embargo, se encuentra primero con el rechazo de aquella mujer a la que había cogido estima y también con la negación de su empleador a readmitir a la otrora empleada. Las habilidades de Maggy, con los resultados económicos que proporcionan, hacen que otro empresario del sector del sexo se interese por ella para contratarla como pequeña Madame. Ella se niega, rechaza la nueva oferta y se reafirma en su convicción de que dejará ese empleo nada más sume la cantidad de dinero que necesita para la operación de su nieto.

Maggy, luchadora honesta y coherente, persiste en su lucha e incluso vence los tabúes que su círculo de amistades tenía. Y una tarde, invitada por una vecina en buena posición socioeconómica, decide libremente contarles su dedicación laboral. Aquellas mujeres, como elegante y sabiamente nos muestran las cámaras, empiezan a ver que aquel trabajo tenía sus encantos: vivir emociones sexuales que su educación no les había permitido. Salvo una de ellas, que siempre había visto y tratado a nuestra heroína, a nuestra líder, desde la envidia, a pesar de su supuesta amistad. Incluso aquella fémina, como Maggy revelará en pleno espacio social ­­–una tienda–, le había sido desleal liándose en su día con el difunto esposo de ella.

Maggy, supera los prejuicios sociales, logra que su hijo la entienda, obtiene el dinero que falta para hacer posible la operación de su nieto, consigue que su nuera la respete y la quiera como merece…

.. El acierto de guionistas y director con una sensibilidad exquisita ante tan grave asunto humano hace que el final sea tremendamente poético por su humanidad: acaba comenzando una relación de pareja con el propietario del Sex Shop, quien en su día recibió el tremendo palo de ser abandonado por la mujer a la que amaba, en tiempos en los que se dedicaba a otra profesión.

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