Un mundo, una humanidad, evolucionando


Tarde de viernes, de comienzo de fin de semana. Una borrasca de lluvias sigue dejando sus huellas en la Península Ibérica. Esta mañana, el mundo, la humanidad, presta parte de su atención al terremoto que ha sacudido Japón. Los medios de comunicación, cada uno dentro de sus circunstancias, siguen ese acontecimiento, temiendo el que se reproduzcan nuevos movimientos sísmicos y tsunamis. Es curioso, porque en las últimas semanas, la película Más allá de la vida, prestaba su foco de atención, entre otros temas, en las consecuencias que para el género humano tuvo el tsunami de Indonesia en 2004, a partir de la figura de una periodista francesa superviviente.

Entre la noche de ayer y la mañana de hoy, las fuerzas de seguridad de Francia y España arrestaban a líderes y miembros de la banda terrorista ETA. Curiosamente, en la citada película también se trataba el asunto terrorista, en ese caso el que causaron los islamistas ultra con los atentados del Metro de Londres en 2005. Precisamente en esta jornada del 11 de marzo se cumple el séptimo aniversario de la masacre terrorista de Madrid.

La 2, dentro de su programación del mediodía, ayer jueves, nos ofrecía un magnífico documental sobre Bután. Este país asiático, desde hace años, ha decidido vivir a partir de que cada ser humano busque su felicidad. De hecho, se sienten plenamente identificados con el concepto que su sociedad denomina Índice Interior de Felicidad. La felicidad la podemos buscar, encontrar, aprender a distinguirla, a sentirla, en definitiva, a vivir las personas.

Evidentemente, la gente de Bután lo contrapone al término Producto Interior Bruto. Éste, aunque sea promovido por el trabajo de personas, empresas e instituciones, desde los planos de la microeconomía y la macroeconomía, tiene un sentido en esencia impregnado de lo material, de la cosificación. Y cuando las personas cometemos la tentación de servir a esa cosificación, a esa excesiva obsesión por lo material, nos deshumanizamos. Galbraith entre finales de los años cincuenta y la década de los sesenta la calificó como la sociedad opulenta.

La diferenciación, la matización, es valiosa, no pasa desapercibida. Una técnica occidental de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que junto a su equipo, se ha desplazado a vivir e investigar ese país y su filosofía de vida, con claridad y admiración indicaba que ese Estado estaba proporcionando un modelo muy valioso a tener en cuenta. Su argumentación era clara: aquí la gente, con más o menos recursos, sabe encontrar su felicidad. Y eso no está reñido con emprender reformas sensibles, inteligentes, en temas como educación, sanidad o desarrollo de infraestructuras respetando el medio ambiente. La naturaleza para la sociedad de Bután es un paraíso común a cuidar.

Es sintomático, pero la vida como profesor americano le llevó a D. Julián Marías, tanto en universidades de Estados Unidos como de Sudamérica y otros países del Caribe, a captar su admiración por el sentido de la felicidad que tenían las personas con menos recursos. Para él era un fenómeno humano a descubrir, del que aprender. Décadas atrás, durante su experiencia en la Guerra Civil española, también se percató de las ansias de poder, de acumulación de dinero, de determinada gente, dispuesta a entregar sus vidas por esas causas.

Esperemos, siguiendo a Don Julián, que la cooperación mundial, el altruismo internacional, que el filósofo español intuía que iba a ser uno de los motores de cambio para un mundo mejor, más humano, sigan con su proceso global de implicarnos a personas, sociedades, instituciones, países y entidades supra estatales.

¿Te lo has planteado? ¿Estás preparad@ para comprometerte? ¿Qué haces a diario para aportar tu grano de arena? ¿Te rodeas de personas con esa actitud y comportamiento vital?

Comentarios

Entradas populares