Abuelos, sabios rebeldes


Dos abuelos, por su edad, pero jóvenes en su manera de encarar la vida, José Luis Sampredro y su coetáneo Stéphan Hessel, están animando con su compromiso vital a las nuevas generaciones a que estas obliguen a cambiar a aquellas personas e instituciones que con su manera de actuar ultra conservadora, oligárquica, están reduciendo los horizontes de libertad, de capacidad de decisión, de vivir dignamente, a millones de personas. Ojo, porque esa manera de actuar se aplica desde el ámbito local -ayuntamientos donde desde hace años se ejerce la partitocracia a dedo y se aplica el enchufismo con intereses creados- hasta las más altas esferas financieras como nos ha mostrado el documental Inside job.

El ejemplo de ambos es ejemplar porque nacieron en el fatídico año de 1917, en plena Primera Guerra Mundial. Fueron niños criados en la posguerra, que se hicieron adolescentes en plena aplicación de las leoninas condiciones del Primer Tratado de Versalles que, junto a las consecuencias de la Depresión Bursátil de 1929 y a los egoísmos de los Estados Naciones, condujeron al mundo a la locura fraticida de la Guerra Civil Española y sin solución de continuidad a la Segunda Guerra Mundial. Es sintomático pero, como todos tenemos presente, el partido nazi accedió al gobierno de su país desde la victoria en las urnas en un proceso democrático. Hoy, hay gente que utiliza los vericuetos de los parlamentos o de las comisiones para influir con fines egoístas, reduccionistas, torticeros, a arrimar las sardinas a su plato y negárselas al prójimo. Curiosamente, sabemos que hay recursos para todos. Es la época de la historia que cuenta con más recursos financieros y de cualquier tipo. ¿Por qué no se comparten?

Por supuesto, también hay que exigir que todo el mundo se comprometa a trabajar con dignidad y lealtad. Aquell@s que se comportan desde hace años como personas consentidas, una prolongación de lo que Ortega denominó persona masa "aquella que solamente quiere derechos, pero no obligaciones", requieren un proceso catártico, han de ser reeducados en los valores del trabajo bien hecho, del compromiso cumplido con sus actos en cualquier circunstancia. ¿Para qué sirve tener varios móviles? ¿Qué sentido tiene acumular viviendas? ¿Qué objetivo aglutinar decenas de pares de zapatos? Frente a ese modelo de desarrollo, de filosofía de vida, no sería más humano, más inteligente, que cada persona tuviera acceso real a un hogar, a una alimentación completa, a una educación que le permitiera desarrollar sus vocaciones, a un sistema sanitario que continuara innovando, a facilitar el tiempo de descanso para conocer otras culturas y países.

Posiblemente, aunque todavía no se haya intentando y que para determinada gente eso suponga una quimera, una utopía absurda, ¿cuántas utopías, cuántos sueños, no han sido hechos realidad por la humanidad a lo largo de nuestra historia?

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