Decisiones personales y cambios sociales


En los últimos días, se están produciendo significativos globos sondas, supuestas tomas de decisiones y movimientos sociales en muchas ciudades y estados. Todas estas acciones, reacciones, movimientos estratégicos, se están produciendo en las múltiples circunstancias y esferas que van desde el ámbito personal al global. Y cualquier quehacer humano está viéndose afectado por esas realidades, intenciones, influencias. Vayamos por parte, apuntando algunas.

Movistar - Telefónica anuncia su pretensión de reducir un veinte por ciento de su plantilla en España en un plazo que abarca estos tres próximos años. A su vez, se informa que la citada compañía va a ofrecer unos suculentos dividendos a su cúpula de directivos y unos beneficios interesantes a sus accionistas. Unas horas después, desde una supuesta fuente, relacionada con ese grupo de la plantilla que se puede ver afectada por la reducción, se asevera que será en unas condiciones muy ventajosas. Aunque las realidades de hechos como este requerirían para ser conocidos en toda su profundidad, con todos sus matices, de una investigación ardua y constante, sí podemos plantearnos algunas cuestiones intuitivas. Después de la experiencia de finales de los años noventa, en que entidades bancarias de nuestro país y de otros incentivaron con prejubilaciones muy sabrosas a personal de sus grupos humanos de trabajo, qué hemos aprendido por el camino.

Más de una década después de decisiones y realidades como aquellas, se ha visto que, por ejemplo, tiempo posterior, se cubrieron esas bajas de profesionales con nuevos técnicos, normalmente personas con una mayor cualificación formativa -licenciadas mayoritariamente- e incluso con maestrías complementarias. Y, sin embargo, no solamente por carecer esas plantillas rejuvenecidas de los incentivos de antigüedad, los salarios de los nuevos profesionales eran más bajos a pesar de asumir competencias más complejas partiendo de una capacitación superior que los antiguos empleados. Eso no quita para reconocer asimismo la importancia de la experiencia como un grado. O lo que a su vez cuestiona aún más el rechazo de esa sabiduría acumulada a lo largo de toda una trayectoria profesional y personal.

Si ahora nos detenemos a analizar un poco otra de las consecuencias personales, interpersonales, o sociales, de aquellas prejubilaciones, resulta que la adaptación de aquellos prematuramente jubilados ha sido muy distinta. ¿Qué nuevo proyecto personal ha de desarrollar una persona así para seguir dándole sentido a su vida? ¿Qué nuevos roles ha de asumir para seguir aportando dentro de sus circunstancias a sus ámbitos privados o a su rol de ciudadano?

La crisis que estamos viviendo también nos ha mostrado las carencias del paradigma dominante hasta ahora; regiones muy desarrolladas del mundo que optaron por ese modelo a través de sus instituciones, se encuentran con un importante envejecimiento de su población y con problemas graves en un futuro para seguir teniendo tasas de crecimiento vegetativo equilibradas o positivas.

Aunque parezcan espontáneos, hechos personales, interpersonales y sociales que estamos asistiendo desde principios de este año, que van desde las revoluciones pacíficas sociales en áreas de África, Asia, Sur América y Centro América, hasta las manifestaciones en cualquier ciudad de Europa, o el plante de la mayoría de la prensa a un ególatra sistema deportivo; esos comportamientos nos están mostrando que hay una voluntad de sincero cambio de modelo. Hay una necesidad de la mayoría de la gente por apostar por una vida más humana, con nuevas semillas democráticas.

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