La alegría de cumplir años


Va más allá de contar con la buena salud indispensable. Sumar en el almanaque otros trescientos sesenta y cinco días supone seguir teniendo proyectos vitales, sueños irrenunciables, que se intentan sacar adelante cada mañana. Como dijo Ortega, "país, patria, es aquello que cualquier persona sueña con poder hacer cada mañana cuando sale de su casa".
Y aquellos se mantienen cuando son fruto de una biografía que decide vivirse desde la vocación, se les dota de nuevos contenidos conforme se va viviendo y se cumplen etapas consumadas, de matices que los fortalezcan y enriquezcan. O bien, se intentan nuevos objetivos personales, cuando los antiguos no eran auténticos, o han sido imposibles a pesar de denodados esfuerzos y se concede el sujeto la oportunidad de recorrer una nueva trayectoria. Todo ello, va desde lo más básico, por ejemplo, disfrutar preparando el desayuno o saliendo a correr. Hasta la atención recíproca hacia los seres queridos, aquellos con quienes se decide compartir la vida con todas sus consecuencias.

Cumplir años es decidir con quién se comparte una cerveza y con quién no. Eso es consecuencia de las experiencias mutuas compartidas previamente y aprender a saber con quién se puede convivir y, por tanto, tener vivencias decisivas. Y con quienes solamente es posible coexistir y mantener una distancia de separación saludable para las partes.
Cuando pasan los años, y la gente apreciada se acuerda de quien cumple años, o aquellos que por aprecio social lo ejercen hacia quien lo celebra, ese regalo tiene un valor especial: saborear lo mejor que tiene la vida.


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