La que se avecina




Cuando mañana, la mayoría de la sociedad española vuelva a la cotidianeidad de su vida, transformada en la última semana por la celebración de la Semana Santa, estaremos a menos de un mes para la celebración de los comicios municipales y, en muchas Comunidades Autonómicas también de sus elecciones regionales. La sensación que tiene quien esto escribe desde hace una década es que la vida política española se ha llevado a muchos extremos innecesarios durante este tiempo. La europea y mundial también, por supuesto con sus casos concretos de excepcionalidad y ejemplaridad. En buena medida, no todos, pero sí significativos y mayoritarios medios de comunicación desde la prensa escrita hasta los nuevos medios en la Red, han colaborado a esa toma de posiciones extremas. Esa circunstancia también ha aportado su granito de arena a la crisis que estamos viviendo tanto a nivel nacional como global. Pocos ejemplos edificantes existen, que afortunadamente los hay. Como ya apunté en otro artículo unos meses atrás, entre lo realmente valioso de este tiempo político el pacto gubernamental vasco me parece una excepción tremendamente ejemplar y edificante. Puede verse lo que escribí a finales de agosto del año pasado en este enlace http://rick-casablanca.blogspot.com/2010/08/el-pacto-gubernamental-vasco-un-modelo.html. Curiosamente, hace poco tiempo, el insigne catedrático de Teoría del Estado de la UNED, Andrés de Blas Guerrero, escribía una tribuna libre en El País en el que apuntaba esa opción que un servidor había comentado con anterioridad.

La historia española y universal nos ha mostrado que nunca los extremos han sido buenos, ni mucho menos, la mejor opción. Provocan que todo lo que se comparte, que si nos detenemos a observar con paciencia, rigor y honestidad, es la mayoría de las circunstancias o las más necesarias para la vida colectiva, sufra cortes, se resquebraje, se debilite. Pongamos casos concretos y decisivos: la educación desde la infancia hasta el grado universitario. La cuestión sanitaria desde la necesaria atención en los ambulatorios hasta la investigación médica más exigente. El desarrollo de infraestructuras básicas desde servicios de recogida de residuos y reciclaje de los mismos hasta obras de gran envergadura como las líneas de alta velocidad ferroviaria. El asunto económico laboral, desde el apoyo a las pequeñas y medias empresas hasta el saber valorar a la comunidad trabajadora competente y comprometida con sus obligaciones diarias. La buena gestión de la administración y de la justicia desde quehaceres sencillos hasta realidades que provocan procesos de investigación judicial complejos. Si nos atenemos a asuntos como la inmigración, la experiencia en España en los últimos quince años cuando seis millones de personas de terceros países han venido a convivir con nosotros, como la de otros Estados europeos, nos demuestran la necesidad y la valía de estos nuevos españoles y europeos. Por tanto, es necesario, poner en marcha nuevos programas de integración que completen a los que hasta ahora han sido llevados a cabo.

Todo lo apuntado, me lleva a plantear una serie de cuestiones a vosotr@s lectores y electores en España o en cualquier país, ¿por qué se siguen aceptando los reduccionistas y falsos eslóganes derechas e izquierdas? ¿Qué es realmente lo importante cuándo ejercemos el derecho al voto? ¿Qué motivos te llevan a apoyar a un partido político o a otro? ¿Hasta qué punto es coherente, siempre votar a un mismo partido político, cuando éste nos ha demostrado que su proyecto y su equipo humano está cansado y agotado durante un tiempo? ¿Cuáles tienen que ser los temas que independientemente quién gobierne desde el nivel local hasta a nivel europeo, han de ser gestionados desde las necesidades y las circunstancias de la mayoría de la sociedad?

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