Responsabilidades periodísticas


Las jornadas de Jueves Santo, Madrugada y Viernes Santo nos están ofreciendo algunas actitudes y algunos comportamientos curiosos en periodistas concretos y medios de comunicación determinados a la hora de informar sobre el hecho cultural de las salidas procesionales. Para ir a los casos que vamos a exponer, procedemos a sacarlos a la luz: el primero, se produjo ayer cerca de las tres de la tarde cuando el conductor televisivo del programa de Semana Santa de Giralda Televisión espetaba literalmente “me apuesto lo que sea que en una hora tenemos las primeras cofradías en la calle”. Desgraciadamente, ni las procesiones de esa jornada cofrade ni las de la Madrugada pudieron hacer estación de penitencia. Y la tarde de este Viernes Santo está comenzando con cuantiosas y sucesivas lluvias.

El segundo, tuvo lugar ya en la madrugada, cuando las tres cofradías que tenían que haber iniciado ya sus respectivos desfiles procesionales, habían optado sensatamente por suspenderlos ante las lluvias que estaban cayendo y las que los meteorólogos anunciaban en sus partes para las siguientes horas. Tuvo también por protagonista al conductor de su programa cofrade, El Llamador de Canal Sur Radio. Éste, sin la osadía absoluta que mostró su colega en la emisora televisiva del ayuntamiento local al mediodía, comenzó a elucubrar con uno de sus compañeros que estaba desplazado a la capilla de la Hermandad de la Esperanza de Triana sobre el ánimo valiente de esa cofradía para no perder la tradición de seguir saliendo a la calle durante muchos decenios ininterrumpidamente. En el tono y en el fondo de sus palabras, que además tuvo la poca prudencia y el escaso rigor profesional de completar con un careo de quien dirige un equipo humano con poco tacto y sensibilidad, en el que reprochó a ese compañero que hablara de la situación climatológica, también se apreciaba el deseo desmedido porque las cofradías salieran a la calle.

Una cosa es la ilusión que cualquier persona, y quien habla es cristiano y cofrade, puede tener por disfrutar de las hermandades en las vías públicas haciendo estación de penitencia. Y otra muy distinta, querer tergiversar la realidad, las circunstancias que se han presentado así, que nadie ni como persona ni como comunicador profesional tiene el derecho a hacer.

Con actitudes, con comportamientos, como los que acabamos de extraer a la luz, y que si pueden y desean los lectores y las lectoras interesados en el tema pueden recabar documentación radiofónica y televisiva para comprobarlos in situ por ellos mismos, se hace un flaco favor a la noble profesión de periodista y al valioso servicio que los medios de comunicación han de ofrecer. Y si entramos a analizarlo desde el plano de los sentimientos, de las emociones, que ellos desde un punto de vista teológico y humano están profundamente ligados con la religiosidad, con la fe, vemos que también esas maneras de proceder son contrarias a una actitud decisiva en Jesucristo y, por tanto, en el Cristianismo, la necesidad de vivir desde la veracidad…

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