Mediodía de abril...



... y la primavera avanza recordándonos la belleza de sus luces, el calor que falsamente anuncia el verano por unos días. Ya sabemos, que igual que viene, se va, y le siguen días de frío y de lluvia. Y, sobre todo, jornadas de temperaturas agradables, esas que nos hacen sentir que ni hace frío ni tampoco calor. Por eso, como su hermana el Otoño, nos sorprende, nos atrae, nos hace recordar, que está aquí con nosotros dispuesta a que la saboreemos, si sabemos apreciarla, entenderla, mimarla.

Vamos recorriendo las ciudades en esta época y vemos a las féminas despertar del largo sendero del invierno. Se preparan como las fiestas primaverales para sentirse un día más como una estación que resurge y sacar de sus entrañas la belleza que sus figuras y sus almas encierran. Una puede estar sentada con su novio, compartiendo intimidades, y su ego de coqueta llevarla a hacer un alarde de su pelo para que otro la mire. Otra, que ha estado patinando durante parte de la mañana, aprovechando su jornada de descanso laboral, se sienta a tomar un refresco y se deja querer.
La camarera, cuya mirada encierra una nobleza, una profundidad ante la vida extraordinaria, intuye que el cliente ha percibido tanta femineidad y está abierta a la posibilidad de tomar algo si aquel se lo ofrece.

Fin de semana de comienzos de abril; la primavera se adentra en un mes que prosigue el calendario festivo que marzo inauguró con fuegos y fallas. ¿Será posible innovar frente al atavismo de quienes detentan los poderes fácticos, y a pesar de ellos? Mientras vemos si es posible y lo intentamos, disfrutemos de este viernes y de pinturas como la que nos regala la paleta de Annick Bouvattier.




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