¡Chapó Ferrándiz!



Desayunaba un servidor hoy leyendo la entrevista que el colega de oficio del diario El País publica este jueves. El personaje entrevistado, Pedro Ferrándiz, mítico entrenador de baloncesto del Real Madrid y del espectro baloncestístico internacional. Este hombre, siendo máximo responsable técnico de esta sección, entre otros logros, alcanzó 4 Copas de Europa. Aquellos años eran los del lento y seguro ascenso de este deporte en nuestro país y en muchos otros del contexto europeo, siempre teniendo como referente la otra dimensión que era la Liga Profesional de los Estados Unidos.
El motivo principal de esta interviú es, como l@s amantes de este deporte saben, la presencia del Real Madrid en la Final Four que se disputa a partir de mañana en Barcelona. Su rival en la semifinal, el también histórico máximo exponente de la canasta en Israel, el Maccabi de Tel Aviv. Luego, ojalá la dicha le sonría, en la final le espera bien el Panathinaikos o Montepaschi.

La presencia del club merengue en esta ronda definitiva europea muestra el potencial del baloncesto español que incluso ha tenido a tres representantes entre los ocho últimos equipos de la competición. Esos datos, esos argumentos, nos deben llenar de alegría a los aficionados de este país a esta práctica deportiva o a cualquier otra. Y también, nos deben alentar, sobre todo en los momentos difíciles de la vida, a ver como el trabajo bien hecho, con pilares sólidos como la vocación, la coherencia, el esfuerzo solidario y en equipo, y la honestidad, acaban dando múltiples frutos. Muchos de ellos, a lo largo del camino y no solo en los finales de meta de cada jornada -haciendo el símil con el ciclismo-.

Entre las reflexiones que llaman la atención, al menos para un servidor, del Sr. Ferrándiz, destacaría esta: P. ¿Cuál es su mejor recuerdo?
R. Nuestra primera final, en Tiflis. Perdimos porque eran invencibles. Pero fue un hito.
Cuando alguien como es el caso de este hombre y me imagino que los de sus compañeros en aquel viaje, llegan a este grado de madurez, uno al menos no le queda más remedio que quitarse el sombrero. Ejemplifican con su actitud y comportamiento vital los mejores valores de la actividad deportiva y del ser humano. Ser capaz de valorar al otro, de reconocerle su mérito excelso, que le supera, es algo sublime. Y también de reconocer el mérito propio, todo un hito, ser subcampeón de Europa. Claro, que ese afán de superación, de ver que lo que antes era un sueño se convirtió en cuatro entorchados europeos, reflejan la trayectoria de Ferrándiz y de su gente.

No sé lo que pasará a partir de mañana en la Final Four de Barcelona. Espero que las cuatro aficiones se lo pasen en grande en la Ciudad Condal, y que ésta les acoja con la elegancia y caballerosidad que su filosofía mediterránea de la vida es capaz de regalar. Me gustaría que ganara el representante de nuestro baloncesto, el Real Madrid, pero si eso no ocurre, aplaudamos a ese equipo por su esfuerzo de estar ahí. Y el año que viene, sus gestores, déjenles trabajar con paciencia. Y eso vale para esa sección, para cualquier otro equipo de los múltiples deportes que se practican, y para cualquier actividad humana.

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