Frente a especulación, ciudadanía comprometida


En Sevilla, la concentración de la ciudadanía reclamando una democracia humana, sostenible, justa, participativa, se viene celebrando en la céntrica Plaza de la Encarnación. En ese lugar, se ha construido en los últimos años un edificio nacido fruto de la especulación de los partidos gubernamentales en el Consistorio sevillano (coalición de PSOE e IU) y de las entidades privadas que han participado en su alzada. Pretendían desde las filas socialistas del alcalde de Sevilla hacer una obra emblemática, lo que en la jerga ciudadana se traduce por un sueño faraónico. Los problemas relacionados con la financiación de la misma han sido tremendos, produciéndose unas subidas constantes de sus costes y presupuesto a lo largo de la misma. ¿Era necesario tan claro ejercicio de despilfarro? Durante varias décadas ese inmenso solar estuvo vallado y fue, tras el derrumbe del mercado antiguo, desde lugar temporal para aparcamientos hasta espacio muerto esperando decisiones. Las tomadas finalmente han dejado mucho que desear. ¿Cuántas pequeñas y medianas empresas se podían haber creado con buena parte del dinero público destinado a gigantesco despropósito? Compañías que hubieran creado puestos de trabajo para sus fundadores y sus plantillas, con capacidad de innovar, de dar nuevos servicios y productos que la sociedad necesita. Entidades con miras puestas a la investigación y a la exportación, con iniciativa y compromiso para crear sinergias y acuerdos con otras de cualquier país.

Y teniendo una perspectiva amplia de esas circunstancias, por qué no haber empleado parte de la cuantía económica destinada a mejorar los servicios públicos -desde los sanitarios a los educativos- de la propia ciudad. La realidad y la historia nos demuestran que el futuro se construye diversificando en los sectores socioeconómicos existentes y en los nuevos yacimientos de empleo. En Alemania, desde la década de los veinte del siglo pasado, por ejemplo, se dieron cuenta de tres necesidades: una, la necesidad de la investigación. Dos, que en las aulas universitarias tuvieran cabida tanto las personas con una actitud profesional destinada al ejercicio laboral que el mercado demandaba como aquellas otras con una vocación investigadora. Tres, que las clases de cualquier facultad tendrían que tener entre veinte y treinta estudiantes para que el profesorado y el alumnado pudieran dar y obtener un rendimiento óptimo.

Mañana es el día de los comicios. Cada ciudadana y ciudadano con derecho a voto decidirá pacífica y libremente qué opción tomar de todas las que se le presentan, entre ellas el voto en blanco o el no votar. A partir del próximo lunes, día 23, la ciudadanía ha de seguir con su aliento y su compromiso para que estos tiempos de cambio, de evolución, que la humanidad está pidiendo y necesita en todos los continentes, se conviertan en semillas de esperanza que germinen sólidamente en un futuro muy cercano que todas las personas compartamos.


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