La importancia de la constancia


Entre las medidas y actuaciones que Democracia Real Sevilla -téngase una visión del conjunto de la provincia-, está fomentando en sus debates y tomas de decisión podemos destacar la información y formación constante a través de los barrios de los municipios. Esa manera de ver la política ciudadana y de implicar a cualquier persona pretende cambiar el hábito de que otros vengan a solucionar los problemas de cada sujeto. Entre otros motivos, porque eso nos aleja de las tomas de decisiones sobre las circunstancias y, por tanto, sobre los avatares que cualquiera tenemos que afrontar a diario. Junto a ello, nos hará ver que muchas de las circunstancias y de los problemas que cualquier ser humano tiene que hacer frente cotidianamente son los mismos en algunos casos, similares en otros, y también diferentes en ciertos aspectos y realidades. Ahora se trata de sumar desde lo que nos une, lograr consensos, y respetar las diferencias. Porque estas últimas, en último caso, ayudarán a ser tomadas en consideración cuando esa circunstancia o ese problema se manifieste en cualquier otro barrio o en cualquier otra localidad, o en otro país. A los que tenemos que sumar el distanciamiento que la cúpula política y los partidos vienen fomentando con sus gestiones en los últimos años, tanto a nivel local como a escala nacional y global.

Esta manera de proceder desde Democracia Real Sevilla, por lo que podemos ver en otras ciudades y pueblos de España, se está expandiendo en aquellos. Por lo tanto, hay un consenso en la visión de que el camino necesario a recorrer implica llevar las cuestiones ciudadanas desde la persona a los grupos, a los barrios, a las instituciones, y que éstas cuenten con la ciudadanía a la hora de tomar decisiones. Cada persona ha de implicarse e implicar a cada ser humano con quien se relaciona, y así intentar sumar un vínculo que genere nuevos compromisos.

Es más, ayer miércoles 25 de mayo, en Atenas, miembros del pueblo griego comenzaron una convocatoria en la que simbólicamente portaban una pancarta con las banderas de España y Grecia. Esta es otra forma también de hacer Europa, viva, pensante, participativa, asumiendo obligaciones y haciendo un uso personal y democrático de los derechos que como ciudadanía nos hemos otorgado. Hace años, cuando el programa Erasmus solamente era un sueño, un grupo de la juventud francesa se unió para exigir a su gobierno –entonces presidido por Mitterand- y a la Comunidad Económica Europea su puesta en marcha. Después de muchas reivindicaciones coherentes y pacíficas, aquellos jóvenes lograron que el entonces Presidente de la República de Francia les recibiese. Durante la reunión, un miembro de aquellos estudiantes después de un buen rato hablando con los responsables políticos tuvo que tomar la palabra y ser claro en sus planteamientos. Dijo: llevamos ya aquí un tiempo importante y hay un problema de fondo; nos oyen, pero no nos escuchan. Como podemos imaginar, el silencio sepulcral se hizo entre aquellas personas y en aquel salón de reuniones. La persona que lo dijo y sus compañeras y compañeros que le acompañaban eran conscientes de lo que aquella acaba de pronunciar. Unos estudiantes universitarios se atrevían a hablar con respeto y argumentos al Presidente francés y a los ministros competentes en la materia. Aquello suponía una transgresión lícita, ética, moral y legal contra los erróneos y arcaicos usos establecidos. Poco después, el encuentro entre máximos responsables de la gestión política y los universitarios concluyó. Sin embargo, quienes tenían que escuchar, sobre todo Mitterand escuchó. Unos días después, se presentó en el Parlamento Europeo en Bruselas donde tenía una convocatoria con los restantes presidentes de los Estados miembros, y les planteó esta necesidad de la juventud francesa y europea. Lo estuvieron debatiendo, y afortunadamente el programa Erasmus se aprobó hace más de dos décadas. Desde la propia Comisión Europea y desde las instituciones europeas, se reconoce hoy en día que Erasmus y programas similares han hecho más por la construcción de la ciudadanía europea que otros proyectos gubernamentales anunciados a bombo y platillo. Con relativamente poco dinero, Erasmus y programas similares han ayudado a crear unos mejores hábitos, unas más saludables costumbres de hacer universidad, universitarios y ciudadanía europea. En cambio, otros con mucho presupuesto han sido un fiasco. Por qué nos preguntamos. Qué responsabilidades pedimos a esos gestores que han mal gastado dinero público europeo.



Posiblemente, la semilla de la evolución radique en conocer realmente qué necesita la persona, la ciudadanía para ir haciendo nuestra vida, y a partir de ahí respetar el compromiso con las obligaciones contraídas por las partes implicadas. El movimiento del 15 – M por lo que estamos viviendo en diversas partes de España y del planeta –sigan sumándose y vayámonos relevando- tiene esas esencias. Así que bien harán las instituciones públicas y privadas en escuchar a nuestra ciudadanía.


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