Lecciones de una derrota


Ayer noche el Real Madrid vencía claramente al Sevilla Fútbol Club. Era la primera vez que el equipo sevillista recibía seis goles en su estadio. Además de los tres puntos perdidos, lo peor es la imagen como consecuencia de la falta de actitud, de compromiso, de determinados jugadores durante el partido, especialmente en la primera mitad. Entre los deportistas que renunciaron a cumplir con sus obligaciones, por cierto, excelente y extraordinariamente remuneradas, destacaron Romaric y Zokora. Sueldos muy alejados de los mileuristas que pagan sus carnés o sus entradas para verlos jugar. Estos dos jugadores costamarfileños fueron ausentes presentes. Está claro que desde que se desató hace unos meses la contienda fraticida en su país, la locura de aquella guerra civil les tiene pendientes de los seres queridos que están luchando por sobrevivir. Hasta ahí, todos lo podemos entender. No hacerlo, sería injusto e inhumano. Sin embargo, están recibiendo desde la entidad que les acoge y las instituciones españolas las ayudas para que sus familiares y amigos puedan salir adelante frente a la citada barbarie. Esa falta de compromiso viene desde antiguo, en el caso de Romaric desde la temporada pasada (2009-2010), en la que los actos graves de indisciplina le acarrearon fuertes sanciones. A su compatriota también.
Frente a ese tipo de proceder, destacaremos el de su compañero Julien Escude, quien después de la dura derrota atendió a los medios de comunicación, como siempre hace, asumiendo la corresponsabilidad y "mandando un abrazo a la afición que les estuvo apoyando los noventa minutos" a pesar de que el partido se comenzó a romper desde la primera media hora por la solvencia del equipo madridista.

Ahora que la liga española está en su tramo final; a escasos días de que el Barcelona gane brillantemente la competición, nuestro fútbol requiere un proceso de reflexión en el que la sociedad aficionada tiene que implicarse. Las diferencias presupuestarias son inaceptables como consecuencia, entre otros motivos, al desigual e injusto reparto de los derechos televisivos. Debido a ello, las cantidades que ingresan unos y otros por vía publicitaria también sufren desequilibrios muy significativas. Nuestro país, europeo a lo largo de toda su historia, y nuestra liga que forma parte del concierto de competiciones europeas, no se puede permitir continuar por ese sendero.

En el resto del continente, los repartos televisivos y publicitarios son más democráticos y, a su vez, se fomenta la meritocracia porque se premia tanto los logros de cada temporada como los alcanzados en los últimos cinco años. Si queremos, como ya anunciamos en otro post del mes de agosto pasado, y en febrero a raíz de las eliminatorias de la Copa del Rey, que el fútbol español continúe por la senda de excelencia lograda, esos cambios son necesarios.
Por cierto, cierto sector de la prensa también debe cambiar, que un medio serio como Abc y que un periodista de su redacción destaque las declaraciones de Karanka en la rueda de prensa de ayer, después de una brillante victoria del Madrid, sobre el árbitro, es lamentable:


Seguir haciendo el juego a Mourinho y a quienes asumen ese modo de proceder orquestado, es empobrecer la noble labor del informador, el prestigio de un diario, y la calidad de nuestro fútbol. Algún día podrán volver a ganar una Liga o una Liga de Campeones, pero no podrán obtener el reconocimiento ni la admiración de la gente coherente ni del deporte ni de la sociedad.

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