Madurando nuestra democracia



En la tarde de ayer, la ciudadanía congregada en las Setas en Sevilla estuvo debatiendo sobre los nuevos pasos a dar en los próximos días de cara a hacer crecer y cuidar las semillas que desde este enclave y otros de la geografía nacional y global se están plantando. Siguiendo el espíritu, el comportamiento y la actitud, de sus orígenes, las personas hablaron con libertad, respeto y argumentos sobre ese panorama de presente hecho futuro que se nos avecina. El lema recordar lo que nos une está cuajando entre esa suma de seres humanos con vidas, con proyectos, con nombres y apellidos, que pertenecientes a diferentes generaciones, ideologías, creencias o no creencias religiosas, están uniéndose y sumándose con el propósito de que nuestra democracia madure. El logro que millones de mujeres y hombres de España alcanzaron en 1978 con la aprobación de nuestra Constitución y la entrada en vigor del sistema parlamentario con sus tres poderes, está en estos días siendo debatido con una intención y unas propuestas constructivas para hacerlo madurar. Y ese proceso de maduración, como la propia palabra indica, implica hacerlo mejorar. ¿Qué problema ha de haber en ello? ¿Qué miedos hay que tener a esa concienciación de cada sujeto y de la ciudadanía? Sinceramente, no ha de haber problemas, no busquen fantasmas donde no los hay. Quien quiera es libre y bien recibido a participar y a aportar su granito en esta provincia, en cualquier otra, en este país o en cualquier otro.

La iniciativa ciudadana que estamos viviendo en estas dos semanas, un fenómeno sociológico que se viene desarrollando en el mundo desde hace muchos meses, muestra que la humanidad está viviendo y participando por promover pacífica y comprometidamente su vida en común. Las personas, la gente, esas comisiones y asambleas, responsables, están haciendo con su labor honesta y coherente un ejercicio de madurez personal y colectiva. Asumiendo sus circunstancias, la de cada una y la del colectivo ciudadano. Por eso se va a irradiar a los barrios de cualquier ciudad para que cada hija e hijo de vecino escuche y participe. Supone llevar la preocupación de cada ser humano, de cada pareja, de cada familia, a la plazuela pública de un vecindario, y así posteriormente hasta el foro público de la ciudad. Y de la unión de los municipios hacer país, civilización, humanidad. Como dijo un pensador español, Ortega y Gasset, preguntándose qué es país, nación o Estado; “lo que cada persona sueña con poder hacer con su vida cada mañana”. Y este filósofo lo decía añadiendo la importancia de respetarse los derechos de cada ciudadan@, y aportando el servicio de la asunción de sus responsabilidades u obligaciones. Lo que una parte de la ciudadanía española viene haciendo desde el 15 M es un ejercicio honesto y comprometido de sus derechos reconocidos en nuestra Carta Magna de 1978. La libertad de expresión, de pensamiento, de reunión, siempre cumpliendo con el respeto a la otra persona, a sus instituciones, a sus espacios públicos y privados. Es un ejercicio de confianza y delegación hecho desde la seriedad. En nuestro texto constitucional y también el Parlamento Europeo reconocen la recogida de firmas de su ciudadanía para ofrecer propuestas a ser debatidas y votadas en esos foros. Esa es otra senda que estas decenas de miles de personas están empezando a recorrer desde el compromiso y la solidaridad.


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