Cuántos Julio conoces tú


Soy propietario de un bar en Sevilla. Una mañana, se presentó Julio. Alto, culto y con mundología. Me pidió ayuda. Le comenté que apenas tenía para pagar gastos. Noté crispación en sus ojos y abatimiento. Le propuse darle comida, hospedaje y tabaco a cambio de algunas tareas.

Transcurrieron cuatro meses, no pude pagar el recibo de la luz. Los empleados de la compañía eléctrica me dieron 24 horas, pero me advirtieron de que si no pagaba, se acabó.

Salí preocupado a buscar dinero; familiares, prestamistas, bancos. Todos me lo negaron. Me preguntó un cliente muy respetado y me desahogué con él. Una señora que regentaba una casa de lenocinio, me llamó con mucho sigilo: “he oído tu problema, hijo, parece monetario ¿no?”

-“Sí, necesito 150 euros.”

“Pásate por la casa. Creo que puedo ayudarte.” Me emocioné. Había varias chicas que a veces comían en mi establecimiento. Acordamos darles de comer y desayunos, e ir descontando esa cantidad.

Le di los 150 euros a Julio para que pagara el recibo. Tras varias horas, aparecieron los técnicos a cortar la luz. Les dije que había enviado a Julio a pagarlo. Me comentaron que no se había abonado. A continuación, entró a tomar café un taxista, Pepe: vengo de llevar a unos clientes al aeropuerto y Julio estaba allí.

Todos nos quedamos absortos.

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