De la agricultura a la ciudadanía exigente


En estos últimos días, se ha desatado un nuevo problema y debate social por la crisis alimenticia, agrícola y sanitaria, ocurrida por la muerte de unas personas en Alemania, principalmente. La autoridad sanitaria de Hamburgo atribuyó errónea y precipitadamente a una partida de pepinos españoles, de las zonas de Almería y Málaga, como la causante de la misma. Unas jornadas después de desatarse esta alarma, se tenía que retractar de su error. Evidentemente, los daños peores, las personas muertas ya no podrán recuperar esta vida. Sin embargo, los enfermos que aún están presentando esos síntomas, sus familiares, la ciudadanía, de los países que estamos teniendo este problema, merecen calma, destinar los recursos sanitarios necesarios para irlo resolviendo, y una pausa informativa en el tratamiento de este asunto. Por supuesto, los agricultores y las compañías directa o indirectamente afectadas, también han de verse recompensadas. Una reparación de los daños causados que va desde lo económico a la mediática y social de un prestigio ganado a partir del esfuerzo honesto y arduo de muchos días y años. Recordemos que la agricultura, como le gustaba apuntar a Ortega y Gasset, fue la primera actividad que le permitió al ser humano dar un paso decisivo en su vida y en la de la humanidad. Fue la primera cultura.

Entre las peculiaridades que está rodeando a este asunto, hay algunas que llaman la atención, al menos para quién esto escribe. Utilizar el trivial argumento de que era necesario dar una rápida respuesta a lo que estaba sucediendo. El responsable sanitario de Hamburgo se equivocó de raíz y por partida doble; por usar ese recurso sin tener pruebas fehacientes y por querer aún justificarse con ese argumento unos días después. Como hombre que ocupa una responsabilidad extraordinaria, más aún en un tema con una profunda carga científica que validase o invalidase las hipótesis de trabajo, hasta hallar el origen del problema, no ha respetado los protocolos científicos básicos. Junto a ello, su persona y quienes le hayan validado su pronunciamiento inicial y posterior, también son corresponsables porque entrar en el juego mediático de informar sin tener datos ni argumentos veraces, es hacer un grave daño a la libertad de información, de expresión y pensamiento. Generando una alarma social injusta e innecesaria con su toma de decisión. Se hace un flaco favor a la libertad de prensa, a considerar a los medios de comunicación como canales capacitados para tener bien informada a la opinión pública. En este sentido, como siempre y en cualquier institución humana, hay periodistas y periodistas, medios y medios. La opinión pública, la ciudadanía, ante hechos como éste o ante cualquier asunto que se anuncia con excesiva dramatización o banalización, debiéramos hacer un sincero ejercicio de crítica constructiva a la hora de ponernos ante las informaciones, opiniones o desinformaciones que aquellos generan. Es posible que en esta crisis que estamos viviendo, la ciudadanía también requiera hacer un análisis de determinados comunicadores y medios de comunicación, saber si les merece la pena leerlos, escucharlos o verlos. La democracia también se construye, se consolida, se hace crecer, con informadores responsables, honrados y en constante y pausado proceso de formación.

Europa, la Unión Europea, tan necesitada, como saben sus señorías, los eurodiputados, las comisarias, la Alta Representante, el Presidente del Consejo, de una filosofía común y polifónica de vida, tiene en este acontecimiento otra prueba más de esa necesidad que es imprescindible. Y lo es porque va a la raíz de la persona, de poder vivir a pesar de las dificultades a partir de unas normas, de unos usos, que permitan afrontar las circunstancias con perspectivas de poder ser solucionadas. La ciencia, independientemente de la materia objeto de la misma, requiere un trabajo concienzudo, unos recursos, unos equipos humanos vocacionales y competentes, sin mirar si sus miembros han nacido en Córdoba, Berlín, Atenas o en cualquier otra ciudad del mundo. Y cuando se desata un problema en cualquier ciudad de Europa o de otro lugar del globo tener la posibilidad de que profesionales de cualquier rama pueden tener la capacidad, la oportunidad, la tranquilidad, de aportar su solución. Entre las realidades que la Historia de la Humanidad nos ha mostrado, hemos de tener presente que nadie, ni ningún pueblo, país o continente, está a salvo de dificultades, de épocas de sombras y dolor. Por ello, como se defiende desde las plataformas de Democracia Real – 15 M, alentemos aquello que nos une. Posiblemente sea un buen método para que entre todas las personas hallemos luz y coherencia, y ellas sanen las heridas.



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