Democracia, sabiduría del viejo y creatividad de la joven

Los acontecimientos que estamos viviendo desde el pasado 15 de Mayo tienen un sustrato intergeneracional muy evidente. Hace treinta y tres años que el sistema democrático se instauró en España. Ahora, pasado ese tiempo, la generación que nació coincidiendo con el inicio de la democracia española, es precisamente una de las impulsoras de este fenómeno sociológico y cívico. Tengamos presente que está generación, cuyo año bisagra es 1974, se extiende desde los nacidos en 1967 hasta los que lo hicieron en 1981. Si empezamos a profundizar en las mujeres y en los hombres que pertenecen a la misma, tenemos: es el primer gran grupo humano que optó por la vía universitaria. Parte de sus miembros también acogieron la opción de la formación profesional. Y también encontramos aquellos que después de abandonar los estudios en cualquiera de sus etapas, entraron en el mundo profesional siendo muy jóvenes. Veamos otro rasgo peculiar de esta generación, la reivindicación legítima de sus mujeres –a la que afortunadamente cada vez se suman más los hombres- de conciliar la vida profesional con el resto de circunstancias personales.

¿Con qué realidad se han encontrado estos millones de seres humanos cuando esa necesidad propia y colectiva se ha planteado principalmente a cualquier sector económico privado? Un gran rechazo y una fuerte oposición encabezada bien por los propietarios de las empresas, bien por los ejecutivos de las mismas. Por qué ese comportamiento tanto en accionistas como en gestores. Fruto de su ignorancia o de su maldad para interpretar una circunstancia real y, por tanto, que no se puede negar, ni tampoco regatear sin afrontarla con seriedad. Esos dueños de PYMES o máximos dirigentes de multinacionales, normalmente pertenecen a las dos generaciones anteriores a la de 1974. Esto es, a las generaciones de 1959 y de 1944. La mayor parte de los componentes de ambas han hecho sus vidas profesionales y personales, salvo en algunos países muy concretos, con una clara división y separación de los roles masculinos y femeninos. En el universo vital e imaginario de las gentes que pertenecen a aquellas dos generaciones, el hombre era un profesional que trabajaba en los ámbitos laborales sociales. Y la mujer, mayoritariamente, lo hacía en el espacio de la casa. Por tanto, ahí radica un matiz clave de su ceguera para entender, interpretar y reaccionar ante un mundo muy diferente. Y se dan varias paradojas en torno a esa situación estructural; los hijos y las hijas de ambas generaciones son los que están sufriendo esa corta o necia manera de ver la realidad. Otra sin razón, dadas las nuevas circunstancias, es la vigencia de los horarios laborales partidos en muchas profesiones.¿Qué consecuencias está teniendo tanto para el propio beneficio de la empresa como para el bienestar y la felicidad de quienes se ven sometidos a esa caduca costumbre de dividir y organizar la jornada?

Curiosamente, esa generación de 1974 es la que principalmente más problemas se está encontrando cuando ha querido acceder a tres circunstancias decisivas en la persona. Una, poder desarrollar su vocación profesional en el campo que libremente eligió. Después de un duro proceso de formación y de prácticas precarias, se encuentra con viejas costumbres establecidas en cualquier ámbito laboral, sobre todo en las empresas privadas. Se trata de los enchufes o contactos interesados que de manera caciquil establecen cortes a la hora de acceder a un puesto laboral. O que una vez dentro de la compañía, hay quienes ejercen las peores artimañas para impedir el crecimiento profesional y personal de aquellas personas que muestran a diario unos talentos y un trato humano que alcanzan la excelencia, a favor de primar a sus mediocres. Ambos usos, tanto las barreras de acceso al mercado profesional como los palos por la espalda a la compañera o al compañero de oficio, son profundas heridas que se le está causando a la democracia.

Dos, independizarse de sus familias, bien comprando una vivienda bien alquilándola. Ya conocemos las prácticas usureras que se han venido cometiendo desde el sector inmobiliario en connivencia con el financiero y con muchos representantes políticos.

Tres, la circunstancia de vivir en pareja, en cualquiera de sus múltiples posibilidades, y de formar posteriormente una familia, si se opta por esa vía. Esto último repercute en un envejecimiento del conjunto de la sociedad, que desde mediados de los años noventa los sociólogos más inquietos ya venían alertando. Esto va a generar unos problemas de evolución demográfica en las próximas décadas.

Y es curioso, porque como venimos mostrando desde que comenzamos a escribir sobre el Movimiento Ciudadano 15 M, desde sus inicios y cada vez más, encontramos a personas que pertenecen desde las ya mencionadas generaciones de 1959 y 1944, hasta la generación de 1927. Las mujeres y hombres que hoy tienen entre los sesenta y siete y los cuarenta y cinco años, y que se vienen solidarizando con el 15 M, vivieron su niñez o su adolescencia en regímenes dictatoriales o en un mundo bipolar. Junto a ellos, dos ilustres miembros de la generación de 1927, José Luis Sampedro y Stéphane Hessel, se han convertido en impulsores intelectuales y humanos del 15 M. Cuando dos líderes cívicos, que ya han superado los noventa, asumen con ese vigor, esa coherencia y valentía, una lucha, es que hay motivos para luchar hasta erradicar las incongruencias e injusticias que venimos padeciendo. Sus compromisos, sus actitudes, son ejemplares, porque suponen una clara manifestación de que no están dispuestos a tolerar que los avances y derechos por lo que ellos y sus generaciones lucharon, se pierdan. Su talla humana es extraordinaria; en el final de sus vidas, reivindican nuevamente algo para quienes hasta ahora hemos disfrutado por esos logros alcanzados. Siempre teniendo presente que a su vez hemos de ser los nuevos colectivos que luchemos desde la paz y la defensa de la democracia para que las generaciones que vienen por detrás, o están por nacer, se encuentren aún un mundo mejor.


Los logros que se alcancen serán fruto de un trabajo arduo y que nos exige mucha paciencia, tesón, constancia y sentido de equipo. Por eso el compromiso de todas las generaciones implicadas es decisiva. Algunos frutos ya se están alcanzando, como, por ejemplo, el despertar de esa conciencia colectiva desde la unión de las libertades e inquietudes personales.

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