Carencias del mercado laboral



Una de las realidades que ha provocado la crisis socio económica que estamos atravesando, es la que marcan las carencias que existen en el mercado laboral desde hace años. Concretamente, desde el año 1996 en que se comenzó a aplicar un método masivo de prejubilaciones de empleados entre los cincuenta y los sesenta años en muchos sectores de la economía privada, preferentemente. Las plazas de esos profesionales, que en su mayoría tenían estudios de bachillerato o de formación profesional, fueron ocupadas por licenciad@s con estudios de posgrado en muchos casos y manejo de al menos una lengua extranjera. Ese hecho que suponía un salto cualitativo para cualquier mercado laboral y empresarial, especialmente en países como España, ha sido tratado con cortedad de lentes.

L@s nuev@s emplead@s comenzaron a recibir a cambio unos salarios por debajo de su real capacitación profesional, de la productividad que empezaron a dar a las compañías a partir del segundo año de trabajo, del que cobraban las personas prejubiladas (no solamente por criterios de antigüedad), y del coste real de la vida que entró en una espiral inflacionista desorbitada sobre todo desde 2001 con la entrada del euro. Por tanto, a partir de ahí se desmonta una de las mentiras que desde ciertos ámbitos empresariales -no todos, pero si una mayoría decisiva- y mediáticos afines, se vienen lanzando sobre la necesidad de mejorar los índices de productividad. Damas y caballeros del lobby de la empresa y de sus medios de comunicación afines, esos ratios ya fueron logrados por la nueva generación de hombres y mujeres que desde finales de los noventa se sumaron a su entramado laboral. Sin embargo, ustedes no han sido capaces de mejorar cualitativamente ni sus condiciones laborales, ni por tanto sus circunstancias personales. Resulta patético que aún se sigan poniendo trabas a la conciliación de la vida profesional con la vida personal. Es injusto que los horarios laborales establecidos mayoritariamente sean en el sector privado los propios de otra época, la que se desarrolló entre 1940 y 1980, donde muchos hombres y mujeres tenían dos trabajos para salir adelante. Esa es la razón de los horarios partidos, por cierto, argumento caduco en nuestro tiempo porque las circunstancias son otras.

Y entra esas circunstancias, hay algunas que desgraciadamente siguen vigentes en los países del Sur de Europa. Ya a finales de los años noventa, la Comisión Europea a través de su Servicio de Estudios Estadísticos denunciaba que en torno al 20% de la actividad económica en estados como Grecia, Italia o España era sumergida. Hace dos semanas, la Federación de Cajas de Ahorros de España (FUNCAS) alertaba de que de los casi 5 millones de desempleados en España, 4 millones estaban trabajando en la economía sumergida. Se ha pasado, según demuestran estudios de Eurostat del citado 20% al 25%. Los datos son tremendos, la realidad evidente. Consecuencias de ello:

- Estaríamos hablando en España, por ejemplo, de una tasa de desempleo del 20% a una tasa entre el 4 y el 5%. Lo que significaría estar en una situación de pleno empleo técnico, y de necesidad de nuevos recursos humanos.

- Cuántos cientos o miles de millones de euros se están robando a la caja común de la Seguridad Social como consecuencia de no pagar esas cuotas.

- Qué influencia tiene ese último hecho a las condiciones laborales y de vida de las personas que se ven sometidas a esas circunstancias. Y cómo repercuten en los salarios de sus compañeros y compañeras que sí están cotizando en la economía A. Y cómo influyen en la nueva generación que está completando sus estudios y que pronto querrá acceder al mercado de trabajo.

A est@s últim@s les diré que se piensen detenidamente el aceptar prácticas en compañías de manera sistemática. Una futura licenciada no debiera hacer más prácticas en su último curso de carrera. Un estudiante de F.P. no tendría que asumir prácticas mal becadas más allá de su penúltimo curso. Posiblemente, si la mayoría de las personas asumimos esos patrones de comportamiento, y lo hacemos con compromiso, provocaremos un cambio para mejor. Y los obtusos dirigentes empresariales, ejecutivos, políticos y sindicalistas, que rechazan esas reformas, verán algún día que esos cambios también repercutirán en beneficio de sus compañías, de sus visiones sindicales y de la gestión pública.







Comentarios

  1. Difícil dilema, el de los jóvenes, no hay trabajo para ellos, sea cual sea su capacitación, y si se les ofrece uno como becario mal pagado, deberían rechazarlo, estoy contigo que así debería ser. Y debería ser su lucha,un trabajo digno y remunerado según su capacidad y valía, espero se den cuenta cuanto antes y se nieguen a ser los esclavos del siglo XXI.

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