Q recurre al agua


Q estaba allí sentada. Había dejado caer su cuerpo sobre la amplia silla como consecuencia de haberse dado un empacho de agua. Estaba rodeada de otras letras que compartían con ella la fiesta improvisada del líquido elemento. Excepto tres de ellas que disfrutaban de la misma a su manera. De pronto, Q alzó la voz y el ánimo cual tsunami humano. Aquella energía brotaba de lo más profundo de su cuarto oscuro, la isla de las frustraciones. Aquel territorio vedado para el conocimiento de la mayoría de los fonemas hermanos, vecinos y desconocidos, y que Q sacaba a relucir con ingenio y una valentía digna de una generala cada vez que se empachaba de agua.

Cuando aquello ocurría, Q daba rienda suelta a toda una gama de virtudes para que el público se deleitara con su genial hacer. En un segundo, improvisaba un ejercicio chic de lanzamiento de copa que iba a parar sobre la camisa recién planchada de un dandy de la barra. Aquella por la magia de Q se convertía en un paño de seda que hubiera firmado Miró. Acto seguido, y ya con las miradas de unos seguidores que no le quitaban su atención y admiración, Q comenzaba a entusiasmar con su canto de la inmortal Qué aburridos sois, y yo os divierto. El coro de voces acompañaba entregado aquella interpretación musical que la había convertido en una celebridad del music hall.

El tercer acto de aquella fascinante algarabía tenía como escenario el restaurante Comida sana. Ya se sabe, hamburguesa, mostaza, Ketchup… Y es que Q era una defensora a ultranza de la cultura internacional, de la vanguardia de las letras. Por eso en unas horas, se trasladaba de las tablas de Pekín a las de Washington. Aquella era la manera que tenía Q de homenajear a su estómago y a los de sus compañeros de reparto. Como fin de la tramoya, Q tomaba posesión de su trono en el Sambódromo y bailaba al ritmo de Carlinhos Brown.

Continuará…


Comentarios

Entradas populares