Afán de superación



Es lo que nos transmiten el argumento, los personajes, de la película francesa Hoy empieza todo. Esta cinta de Bertrand Tavernier, estrenada en 1999, como toda buena obra, resiste al tiempo y cobra hoy nuevo protagonismo como consecuencia de la crisis socioeconómica, de valores, energética, que estamos viviendo. Ambientada en un municipio francés que durante décadas ha tenido como principal actividad económica la minería, refleja la realidad a la que se enfrenta un equipo de maestros y maestras para sacar adelante su tarea como educadores en un barrio con graves problemas: alto desempleo, cierre de negocios, familias rotas, maltrato infantil, alcoholemia, desahucios de viviendas, corte del agua y de la luz. Contra ese cuadro se revela Daniel Lefebvre, hijo de un antiguo minero, que es el director de la escuela. Él junto a sus compañeras, y a su pareja Valeria, van a encabezar un movimiento lleno de energía positiva, imaginación en los hábitos formativos, y capacidad de superación, hasta conseguir superar los recortes económicos y de recursos a los que se ven sometidos a lo largo del curso escolar. Este panorama muestra lo débil que puede llegar a ser el Estado del bienestar europeo cuando se entra en un periodo de crisis que provoca que los recursos para las inversiones sociales se vean notablemente mermados. Daniel se encara con el alcalde de la localidad, perteneciente al Partido Comunista, con el inspector de la zona marcado por su talante despótico propio de quien ha hecho carrera en la jerarquía burocrática, para reclamarles su apoyo y compromiso para hacer frente a las necesidades de niños y niñas, de sus familias, y del propio centro escolar.
El apoyo de Valeria, una talentosa escultora, que también trabaja como camarera en un bar, será decisiva en la obra y vida de Daniel. Ella le sirve de acicate, de aliento. Valeria le mueve a recapacitar en los momentos de zozobra, haciéndole emerger como un ave fénix. Frente a los obstáculos, ella con su sensibilidad y creatividad halla soluciones imaginativas. Y se las brinda a él y al resto del equipo de la escuela para superar las dificultades que a diario se les presentan. Junto a ello, el sentido de la colectividad, de la solidaridad, que emerge en la comunidad, resulta decisivo para salir adelante, y que l@s más pequeñ@s puedan recibir una enseñanza de calidad que les haga crecer y madurar desarrollando sus talentos e inquietudes. Ellos y ellas con su espontaneidad y vitalidad propia de la niñez son el motor de sus vidas, les contagian, les impulsan a seguir luchando. Cada progreso de un niño, cada aprendizaje de una niña, es un estímulo cargado de fuerza para continuar con el proyecto educativo, social y humano.
Los sentimientos, las emociones, inundan cada escena del film por la fuerte carga de emotividad que encierran las situaciones desagradables; sírvanos de ejemplos, el suicidio de una madre y de sus dos hijos ante la desesperación de no poder pagar las deudas básicas que le azotan; o el recorte en el servicio de comedor de la escuela. Por el contrario, hallan réplica en el espíritu de superación, de salir adelante, que emerge poderoso resolviendo esos momentos dramáticos. Pongamos como botón de muestra cuando deciden celebrar una fiesta escolar intercultural, creando un desierto, con sus jaimas, en la que los bebés participarán creando los escenarios, decorándolos, dando vida a los espectáculos de canto y baile. Es entonces, cuando la alegría, la ilusión, la cooperación, salen a flote, para dar respuesta a la tragedia de la comunidad educativa y social, y para transmitirnos ante todo un claro mensaje de esperanza.


Comentarios

  1. Maravillosa película que condensa en pocos minutos la capacidad de transformación que tenemos.

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