Hannan Serroukh: “Es tiempo de buscar algo más”



Vamos a terminar esta serie que venimos dedicando a Hannan Serroukh centrándonos en su análisis, en su visión, tanto del proceso de reformas que se están produciendo en Marruecos desde principios de año, como en los movimientos sociales que se están desarrollando en España y en el resto del globo desde la pasada primavera. La condición de Hannan, su trayectoria vital nos arroja una luz muy certera y humana como consecuencia de una triple circunstancia. Una, desde su niñez ha tenido que luchar por hacer valer sus derechos. Dos, como consecuencia de esa lucha ha transitado desde su cultura de origen local hasta la de acogida, la española y europea. Tres, fruto de ese proceso de integración personal, su mirada es amplia y profunda sobre los fenómenos que están ocurriendo a su alrededor y sobre los que medita desde la distancia.

Pregunta: Cómo está evolucionando en el plano social, económico, educativo, sanitario, Marruecos.

Respuesta: Pues la verdad desde afuera hay una cuestión que es a los efectos teóricos, hay avances importantes en derechos universales y humanos. A efectos prácticos es muy, muy lento. Lo importante es que hay una cierta conciencia social que defiende que la evolución tiene que ser algo de todos.

P: ¿Y cómo ves la predisposición del rey?

R: Sinceramente comprometido con la evolución, pero consciente de que las cosas necesitan su proceso y que Marruecos necesita su tiempo. Sinceramente está comprometido con su país y sus ciudadanos, pero consciente de que falta madurez política y madurez democrática. No comparto el sentimiento que en España se tiene hacia la monarquía de Marruecos.

P: Cuál es tu visión de la monarquía alauita.

R: Soy consciente de que hay momentos de tensión y de desencuentro, pero insisto Marruecos no avanza para ser como España, sino que observa los fallos para no cometerlos. Pues está claro que hay dos vivencias, una el padre con mentalidad más totalitaria. Y el actual, una monarquía que en su rol intenta mantener siempre gestos cercanos a su gente.

P: Y al rey actual, cómo lo ves.

R: Un rey en constante negociación. No está distante al pueblo, pero es consciente de los poderes que le rodean y el reto de modernizar toda la estructura de su alrededor. Me temo que los estereotipos y los clichés no dejar ver quién es el rey de Marruecos.

P: ¿Se está desarrollando el país en materia de infraestructuras (aeropuertos, autopistas, trenes)?

R: Sí y falta mano de obra cualificada.

P: ¿Cuál es el nivel de las universidades?

R: La verdad viéndolo desde Barcelona, no tienen nada que envidiar a las de  aquí, pero arrastran el problema de que gran parte de la población está sin escolarizar.

P: Cuál es el porcentaje de personas sin escolarizar.

R: Hablamos que un 45% de la población ha estado sin escolarizar. Es como ponernos en España en los años 60 ó 70. Ahora es el momento de desarrollo de las escuelas nocturnas, de las escuelas para las mujeres.

P: ¿Y van con entusiasmo?

R: En estos tiempos, el entusiasmo es algo extraño.

P: ¿Por qué?

R: La incredulidad es un elemento común en la sociedad globalizada, hay un sector de la sociedad que está cansado.

P: Cómo ves posible superar ese cansancio.

R: No sé porque aquí lo tenemos mucho más agudizado.

P: Y cómo reacciona la gente, la capacidad de lucha nos sorprende incluso cuando estamos cansados.

R: Sí, pero mira en Londres o en París o aquí en la Puerta del Sol, al final el cansancio nos hace actuar de manera irracional. No es lo mismo el 15 M, que el 20 F, que París, que Londres. Pero hay un factor común: el ya no puedo más. Bueno empezamos a unirnos por lo que nos une. Ahora nos une el cansancio de la hipocresía política, de la especulación económica, los mercados que nos quitan la comida. Es tiempo de buscar algo más.

P: ¿Nos daremos cuenta de que nos unen los sueños de una vida digna, que merezca la pena vivirla, el amor, la amistad, la justicia social?

R: Sí, pero todo eso no lo da el Estado, lo tenemos que construir entre todos. Es algo que tiene que surgir de nosotros mismos.

P: Pero, ¿habrá que exigir al Estado, a los gobiernos, a los mercados, que nos dejen construirlo y mantenerlos?

R: Sí, pero resulta que al final el que firma no es un robot.

P: Afortunadamente, ¿no?

R: Sí es alguien de carne y hueso como tú y yo. Y si él no tiene claro qué hacemos, habrá de obligársele a que cumpla con sus obligaciones y nos deje vivir en paz.




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