Hannan Serroukh: “Tenemos valores propios que son universales”





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Continuamos la serie dedicada a Hannan Serroukh, esta mujer hispano marroquí que ha roto corsés, y es toda un referente en la conquista de la libertad propia. Hoy vamos a recordar con ella cómo era el pueblecito donde nació, cómo ha evolucionado Larache, la capital de su lugar de origen, desde su infancia hasta nuestro tiempo. A través de sus palabras, empezamos a acercarnos a esa realidad tan vinculada a la historia de España como es Marruecos y sus gentes. En los próximos capítulos comenzaremos a adentrarnos en los cambios sociales, políticos, jurídicos, que se están produciendo en el reino alauita. En este segundo encuentro con Hannan nos transportaremos hasta su infancia y cómo ella ha crecido con los secretos humanos que le regaló desde niña su abuela…

Pregunta: ¿Cómo ha cambiado Larache desde que eras una niña a hoy?

Respuesta: En primer lugar mis recuerdos son de un pueblo cercano a Larache. No teníamos luz ni agua ni nada. Y cuando viajábamos para Larache, para mi era ir a la gran ciudad. Ahora la veo moderna, pero más pequeña y tranquila.

P: Y cuándo empezó a haber agua potable y luz eléctrica en ese pueblo.

R: Pues creo que siguen igual, solo que donde hacen el mercado hay luz eléctrica. Es un pueblo en la montaña sin nada. La gente es sencilla, humilde. No hay nada solo campo. Pero es el sitio más rico del mundo, la gente es abierta de verdad, tranquila, no tienen nada y son capaces de darte todo.

P: De qué viven.

R: De los campos de trigo, algo de ganadería y creo que últimamente alguien se ha lanzado a por kif.

P: Y Larache, ¿ha prosperado mucho?

R: Sí, pero esa zona va más lenta que el resto.

P: ¿Por qué?

R: Hay mucho clasismo en Marruecos.

P: Cuál es el origen de ese clasicismo, ¿el feudalismo previo?

R: Exacto y el norte que fue más sumiso a los españoles.

P: Cómo está reaccionando Larache al proceso de democratización abierto.

R: Está muy aceptado y he comprobado que se vive como un proceso natural de la evolución social y política de un país.

P: Cómo es la vida en Larache.

R: Por ahora tranquila, desarrollando un mal modelo de turismo que imita Marruecos.

P: ¿La pesca tiene mucho peso en su economía?

R: Lo alterará todo, la pesca y cómo confundimos modernización con perder nuestra personalidad.

P: Cómo ves el futuro de Marruecos.

R: Pues quiero para Marruecos un Estado democrático, una sociedad moderna competitiva, pero sin disfrazarse de occidentales. Somos el norte de África, tenemos nuestros valores, nuestra forma de socializar no hay que perderla, tenemos valores propios que son universales.

P: Cuáles son esos valores.

R: El diálogo, la capacidad de observar, el valor que tiene el factor humano, la visceralidad que a los occidentales les parece salvaje.

P: A qué le llamáis visceralidad.

R: Somos gente espontánea, que compartimos los sentimientos buenos o malos. Pero exteriorizamos, nos hacemos oír a todas horas, todos los días y en todas las ocasiones. Lo humano tiene cabida en nuestro sistema.

P: Cómo has armonizado tus valores musulmanes con tus valores occidentales.

R: Pues mira esos valores que he recibido de mi abuela son los que me han ayudado a encontrar mi camino en la vida.

P: Cuéntanos esas enseñanzas de tu abuela.

R: Me han enseñado a escoger lo que es útil para mí y a vivir con la conciencia limpia. Mi abuela era una mujer sabia del pueblo, nunca tuvo un libro en la mano, pero sabía mirar a los ojos de los que la rodeaban y sabía dar todo lo que tenía sin esperar nada a cambio. Disfrutaba de la compañía de la gente sin importarle la condición social ni su religión.

P: Y seguro que siempre tuvo personas a su lado que le ayudaron en los momentos difíciles de la vida.

R: Allí todo el mundo ayudaba a todos. Los problemas de uno eran de todos. El sentido de la solidaridad es fuerte en el pueblo marroquí. Sí porque cuando no hay nada, tu tesoro es la gente que te rodea, es tu garantía social. Aquí –en España, en Europa- lo hemos sustituido por el estado.

P: Pero creo que la gente, los vecinos, son mejores compañeros de vida que el Estado, o ¿no?

R: Son más seguros, humanos y cercanos. 

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