Hipocresía en el fútbol




Resulta llamativo el fenómeno mediático que venimos contemplando alrededor del fútbol español en los últimos días. En el día de ayer, incluso el telediario de las 15:00 horas de TVE le dedicaba un reportaje a la desigualdad económica, causada principalmente por la injusta redistribución de los derechos económicos televisivos. Esta salida al primer plano de la actualidad informativa de este hecho, que desgraciadamente viene de antiguo y cuya consecuencia principal es el coliderazgo de F.C. Barcelona y Real Madrid en el balompié nacional, tiene un trasfondo que lo ha desencadenado. En primer lugar, un grupo de equipos que desde hace varios años viene denunciando esta situación porque ellos y el resto de clubes se ven claramente perjudicados en el nivel competitivo de sus plantillas. En un principio, fueron Sevilla F.C., Villarreal, Athletic Club de Bilbao, R.C.D. Español, y Zaragoza, los que abrieron la brecha de esta lucha. A ellos se les han sumado Real Betis Balompié, Granada C.F., y Málaga. Este hecho está restando interés, emoción, calidad, a la liga española desde hace dos temporadas, dado que las diferencias entre culés y merengues son excesivas con el resto de entidades que disputan la competición. Como apuntamos en algún otro artículo anterior sobre este tema, a medio y largo plazo hay otra perjudicada en su calidad y su grado de competencia, la selección española. En buena medida, los logros del primer equipo nacional en los últimos cuatro años son debidos a que en la última década –excluidos los años 2009 a 2011-, el nivel entre los equipos era más parejo. Eso permitió a Valencia, Deportivo de la Coruña, Sevilla y Villarreal, luchar en varias temporadas por alcanzar el cetro liguero. En el momento en que eso ya no es así, como corroboran las ligas disputadas en estos dos años últimos, y todo parece indicar que por la misma línea va a seguir la recién comenzada, como hemos apuntado la solvencia del equipo nacional se verá disminuida más adelante.
En segundo lugar, hay un acontecimiento que ha provocado que esa denuncia que los presidentes de esos ocho o nueve equipos vienen haciendo desde hace un año, haya dado un salto cualitativo importante de cara a su difusión entre la opinión pública. Lo ha provocado la negación de buena parte de las entidades futbolísticas a que las emisoras de radio puedan acceder a los campos de fútbol para informar sobre los partidos. Mientras ellas no sufraguen un canon, cuyo montante total exigido es de unos 15 millones de euros, esos clubes no les permitirán el acceso a sus estadios. Ese hecho ha provocado la reacción de los medios de comunicación, que parecen que comienzan a revolverse ahora que ellos empiezan a ver afectados. En este sentido, pocos, una minoría, habían sido los que tiempo atrás habían criticado ese duopolio del F.C. Barcelona y del Real Madrid. La mayoría de los medios de información desde hace décadas vienen fomentándolo, son cómplices de ese sistema. Lo hemos podido apreciar claramente, y ahí están las audiotecas para corroborarlo, su apuesta informativa y sus debates centrados mayoritariamente en esos dos clubes. Por tanto, ellos también deben hacer autocrítica, y plantearse si realmente ese el periodismo, o seudoperiodismo, que quieren seguir ofreciendo a la afición al fútbol. Y, por supuesto, los millones de oyentes y telespectadores, que a diario siguen la actualidad balompédica, tienen que plantearse cuál es su aportación a ese sistema. Han de meditar cómo pueden cambiar esa realidad. Y el camino viene por su implicación con un compromiso claro y cotidiano que obligue a transformar sustancialmente este modelo financiero y mediático futbolístico. Apagando la radio y la televisión, dejando de comprar cierta prensa escrita, con las consecuencias que unas medidas así tendrán, se fuerza a unos y a otros a modificar el paradigma establecido.
Para ir concluyendo, hay una tercera realidad que está provocando el fenómeno que venimos analizando. La presión que las entidades futbolísticas más importantes del resto de Europa vienen haciendo en los últimos doce meses, en los foros de la UEFA, de la Unión Europea y de la FIFA, también están repercutiendo en que este asunto aflore. Entidades como Milán, Inter de Milán, Juventus, la Roma, Liverpool, Arsenal, Bayer de Munich, Manchester United, Olimpique de Lyon, entre otros, vienen criticando ese duopolio español porque ellos también se ven perjudicados a la hora de competir en la Liga de Campeones. El acceso a mayores recursos de los dos clubes españoles les facilita disponer de ventajas competitivas cuando juegan en las eliminatorias europeas, o cuando deciden ir a fichar a jugadores, entre otras circunstancias. Resulta curioso porque también dentro de la Agenda social 2020 de la UE, aprobada en junio de 2010, también se le dedicaba un capítulo a la regulación de las actividades deportivas en el seno de la Unión Europea. En el mismo se aboga, se defiende, la necesidad de establecer la sostenibilidad económica y la transparencia fiscal, que promuevan una real competencia. ¿Hasta cuándo van a permitir los responsables políticos, judiciales y legislativos, que esto siga ocurriendo?

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