Asamblea 15 M – Macarena, recorriendo el camino




Fueron llegando los primeros miembros de la Asamblea al Cibercentro, que iba a serles abierto por gentileza del Distrito Macarena, que había facilitado la celebración de la asamblea en aquel lugar, y que permanecía cerrado desde su inauguración con tintes electorales del anterior alcalde en marzo de este año. Era curioso, se había hecho un edificio y ya llevaba un semestre cerrado esperando sus protocolos administrativos necesarios para su puesta en servicio a la ciudadanía. Faltaba la asignación de los presupuestos de su personal, de sus recursos y mantenimientos para poderlo poner en uso y valor.
Les abordó un hombre ya entrado en la década de los treinta, dejándoles un escrito suyo en el que denunciaba la reforma constitucional de los dos partidos mayoritarios del Congreso y de UPN a finales de agosto pasado. Decía que ya había procedido a su denuncia particular. Resultaba significativo aquel acto ya que veían a aquellos miembros del 15 M como si fueran una especie de Capitán o Supermán 15 M. Cuando realmente aquel movimiento cívico buscaba desde sus orígenes la coparticipación activa, comprometida, solidaria y a modo de equipo de relevos de la ciudadanía, de cada persona. Bueno tal vez fuera cuestión de ir logrando que esos mensajes fueran calando en la gente, para que ésta viera las esencias del 15 M.
A continuación, les recibió una mujer y dos hombres del Distrito Macarena que dieron su gentil ayuda para en día de descanso abrir el centro y estar pendiente durante varias horas a la celebración de la asamblea. Poco a poco, hicieron los protocolos para preparar las ágoras de debate. La gente se fue sumando y unos minutos después de la hora fijada, se distribuyeron en tres grupos en diferentes espacios para debatir sobre las cuestiones planteadas. Incluso alguien, antes de iniciarse las mesas de reflexión, dejó su nota de disconformidad y tomó la ruta de marcharse por ser distinta a la del 15 M. Son episodios que puntualmente se dan cuando ese alguien en lugar de ir con actitud y talante de escuchar, compartir o cooperar, va con predisposición a intentar imponer sus mensajes o sus maneras.
Las más de tres horas que hubo de intercambio de puntos de vista, estuvieron presididas por la pasión, el diálogo abierto y la participación activa de todas las personas. Hombres y mujeres de diferentes edades y generaciones, la mayoría que venía participando activamente desde sus inicios y otr@s que se habían sumado aquel sábado, lograron ofrecer un mosaico heterogéneo compartido e integrador sobre las cuestiones planteadas. Cuando comenzaron a hacer la puesta en común, vieron, sintieron, que compartían la mayoría de las circunstancias, de las reflexiones, de los sentimientos, que habían esbozado cada una de las personas, cada uno de los grupos. Los pequeños matices de discrepancia, que también los hubo, y que quedaron apuntados para ser abordados en próximas asambleas y comisiones, mostraban la diversidad y la posibilidad de seguir trabajando hasta alcanzar acuerdos en ellos. Reflejaban lo que aquel movimiento denunciaba desde sus orígenes, que es mucho más lo que nos une que los que nos separa, y que después de treinta y tres años de democracia representativa en España, y de x años en otros países, había llegado el momento de reformarla, de superarla, de seguir completándola, e incluso por qué no de una revolución pacífica y continuada. Se abría un nuevo tiempo en el que los cambios cotidianos que hombres y mujeres logremos, serán conquistas de derechos humanos de segunda, tercera, cuarta y sucesivas generaciones a favor de tod@s.

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