Imprescindibles, Terenci Moix




Nos obsequiaba el programa Imprescindibles de La 2 en la noche de ayer un nuevo capítulo, esta vez dedicado a la figura del escritor y periodista Terenci Moix. La calidad de este espacio televisivo lo acabará convirtiendo en un clásico. Esperemos que los intentos frustrados por el momento de ciertos partidos políticos y sindicatos, no impidan ni la libertad informativa de los profesionales de los medios ni tampoco la libertad creativa que series como ésta representan.
Hace más de ocho años, el 2 de abril de 2003, que desapareció en esta vida el homenajeado. Curiosa esa fecha del calendario, porque también en otros 2 de abril de esta década, murió Juan Pablo II, o el Metro de Sevilla se inauguró. Nació Terenci en el seno de una familia modesta en el Barrio del Rabal. Como el propio literato señaló en su día aquella Barcelona de su niñez estaba muy dividida por hábitos y condiciones sociales. De hecho quedará grabada en su memoria su primera visita al Ensanche de la capital Condal, que era uno de los símbolos del crecimiento urbanístico y económico de la burguesía industrial y terciaria barcelonesa. Para él, aquel primer viaje a aquella zona de la urbe fue como un despertar a un nuevo mundo. Desde entonces, su espíritu viajero irá creciendo hasta quedar fascinado por toda la cultura que le llegaba del Mediterráneo. Como niño de la posguerra española, el Séptimo Arte le atrapó y le descubrió otras realidades, una serie de personajes, mitos e historias que le estimularon su capacidad de imaginar. Esa aptitud y predisposición hacia la imaginación, ese talante que le predisponía a fantasear, le llevó a la escritura. El Peter Pan, como él y algunos amigos le definirían, encontró en el papel en blanco, en el sonido de la máquina de escribir, en el olor de su tinta, el territorio y el método para expresar las historias que le atraían y expresarse a través de ellas.
José Manuel Lara, hijo, recordaba en el programa como tanto él como su padre se encontraban con que Terenci Moix cada dos meses les llegaba con un proyecto literario nuevo. Era tan grande la capacidad del plumilla por vislumbrar historias y enamorarse de ellas, que tuvo que aprender a seleccionarlas para centrar sus esfuerzos. Esa labor fue consecuencia, por un lado, de asimilar Terenci que así debía de ser. Y, por otro, de los editores que trabajaron con él y le hicieron ver la idoneidad de focalizar su atención. Como el propio Lara dirá la capacidad de trabajo de Terenci era extraordinaria, era un escritor de gran rigor y precisión. Sabías que sacaría adelante el proyecto que se había comprometido a hacer.
La fascinación que sintió por el Mediterráneo le llevó a vivir plácidamente durante años en un pequeño pueblo Ventalló, donde encontró la paz para escribir junto al cariño sincero y profundo de una serie de familias que vivían en aquel retiro. La cercanía, la sencillez, la transparencia de sus gentes, colmó a Terenci que por aquella época de su vida, una vez que se había convertido en un referente de las letras catalanas y españolas, y empezaba a ser traducido a otras lenguas, descubrió el lado oscuro de la fama por las envidias que aquel mundo urbano, literario y mediático también suscitaban. En Ventalló, Moix halló un espacio idílico para encerrarse en su mundo creativo y combinarlo con el placer de la vida cotidiana a través de su nueva familia y de sus vecin@s. Desde allí, comenzó a escribir su serie dedicada al Mediterráneo histórico, al Egipto antiguo y la Roma imperial, fascinado por todo aquel entorno lleno de mitología y simbolismo.
Su actitud provocadora inteligente, su empatía hacia los periodistas y los medios de comunicación, y su ambición por conquistar nuevos territorios, le llevó a entenderse con Madrid y su mundo literario, periodístico e institucional. La Villa representó su salto definitivo al orbe internacional. Quien escribe recuerda su sección de reportaje semanal en el Blanco y negro dedicado a grandes actores y actrices. Sus apariciones en los medios de comunicación televisivos estaban cargadas de ironía, divertimento y puesta en escena. Como señalara el actor Enric Majó, que fue su pareja durante casi quince años, Terenci era una persona que necesitaba sentirse brillante y querido. La sensibilidad de Moix llevó a cambiar la visión que sobre la homosexualidad tenía mucha gente. De hecho, el cabeza de familia de los Lara, que por su circunstancia generacional veía a aquellos como los mariquitas, a partir de su relación profesional y amistosa con Terenci, cambió su perspectiva sobre estas personas y sus realidades.
El día de su despedida, como consecuencia de su dependencia del tabaco que le minó sus defensas pulmonares y respiratorias, los asistentes al sepelio escucharon desde el célebre ¡Ay jo, ay jo! de los Enanos de Blancanieves hasta alguna partitura clásica. Y es que el humor, las ganas de vivir de Terenci, no cesaron ni aquel día, y como su íntima amiga Nuria Espert dice no noto su muerte sino su no presencia.

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