La burocracia y sus vericuetos





Cualquier persona se acerca a una institución de la administración pública, desde la local a la nacional, y se topa con la habitual respuesta del no como primera moneda de cambio. Apenas ha hablado el ciudadano o la ciudadana con el funcionario haciéndole llegar la tramitación de su solicitud, se encuentra con la negación de lo solicitado. Resulta tremendamente curioso ya que se va a solicitar algo, normalmente un servicio o una tramitación, a un ente sufragado mayoritariamente con los fondos de toda la ciudadanía, incluidos los impuestos que paga la persona que se acerca hasta la entidad. Esto va contra la salud democrática de un país. Cuando acontecen hechos como ese, los artículos del genial Mariano José de Larra cobran nuevo protagonismo. Y lo curioso en España, como en otros países, es que no han perdido vigencia, y de tanta realidad confirmada a diario se han convertido en clásicos vigentes. La contra respuesta que se le ocurre a la ciudadana que se halla de frente con esa circunstancia, con ese proceder, es si ella tiene derecho a reclamar que el funcionario obstaculizante de turno tiene derecho, más allá del ganado en una oposición, a conservar su puesto de trabajo. La verdad, al menos quien escribe y rubrica este artículo, tiene claro que no quiere a funcionarios así, usurpando lo que son recursos y servicios de toda la ciudadanía, menos aún cuando se recurre a la demagogia para negar lo solicitado.
En este nuevo tiempo, que hombres y mujeres de toda España y del Mundo vienen inaugurando desde el pasado 15 de mayo, no solamente hay que pedir responsabilidades a políticos, financieros, sindicalistas, medios de comunicación, que han medrado contra los recursos de tod@s. También desgraciadamente, la casta que cierto funcionariado se ha atrevido a promover desde sus poltronas, está impidiendo el buen funcionamiento de las entidades. Y que éstas se conviertan en centros a disposición de sus ciudadan@s, instituciones públicas y privadas. En lugares capaces de promover y fomentar los lazos entre lo público y privado al servicio de su sociedad, de su comunidad. Resulta curioso que en la Agenda Social 2020 de la Unión Europea, esa que todavía a día de hoy su puesta en vigor reina por su ausencia, se contemple el fomento de la educación, de la cultura, a través de la colaboración entre lo público y lo privado, lo que supone un intento de fortalecer los lazos de la sociedad civil. Y en cambio, cuando cualquier persona se acerca a una entidad pública se tope en primera instancia con el no por réplica a ese intento de fortalecimiento de esas relaciones. Y menos aún, que se permita o se favorezca a unas en detrimento de otros. Aquel funcionariado que el mundo vio nacer en los tiempos del Egipto Antiguo, que conformaba un potente grupo de interés y presión, un lobby de su tiempo, no procede ni tiene lugar en la Europa ni en la España del siglo XXI. Ese ni es ni nunca será el camino, menos aún en un país, en un mundo, que ve como mucha juventud preparada tiene que luchar a diario por acceder o mantenerse en el puesto de trabajo, mientras otr@s resuelven su posición profesional y económica sacando una oposición de por vida. 
Lo siento pero no creo ni creeré en ese sistema. Esa dicotomía tan grande, sobre todo, cuando vemos a tanta gente competente trabajando en el mundo privado con unos sueldos indignos y unas condiciones intolerables, es injusta y antidemocrática. Más aún si va esa persona a requerir un servicio público y se topa con el no comodín o con el vuelva usted mañana

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